Mateo 5:4 – Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
¿Cómo? ¿Qué? ¿Quiénes son bienaventurados?
¿Qué quiso decir el Señor con semejante afirmación? ¿Cómo alguien que llora puede ser “feliz” de alguna manera?

Definitivamente eso no es lo que estamos acostumbrados a oír. La idea imperante en el día de hoy es que no se debe pensar en nada que pueda traer algún tipo de pesar ¡No te hagas problemas! ¡No pienses demasiado!
Años atrás había una canción de moda en Argentina que decía: “Es preferible reír que llorar”, ¿Alguien la recuerda? Todos la cantaban. Esa es la filosofía imperante. La diversión y el entretenimiento son altos valores en la sociedad moderna.
La iglesia de hoy, en consonancia con lo que dicta el mundo, también sostiene esa forma de pensar. Hay una conciencia generalizada de que el cristiano debe estar siempre contento. Si eso no ocurre, se piensa que en algo está fallando ¿No eres acaso un campeón? ¿No eres hijo del Rey? ¿No tienes suficiente fe como para mostrar una linda sonrisa? ¿Dónde está tu vida victoriosa?
Sin embargo, no es eso lo que expresó el Señor Jesús. En realidad dijo todo lo contrario.
Los primeros 16 versículos del sermón del monte ofrecen una descripción del auténtico creyente. Él es un verdadero bienaventurado. Las características que el Señor menciona son totalmente opuestas a las que el mundo ponderaría. El discípulo de Cristo es tan distinto a las personas que le rodean, que en muchos casos, resultará maltratado y perseguido.
El que llora es bienaventurado porque será consolado. En Lucas 6:21 leemos: – Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. –
Eclesiastés, nos dice que hay un tiempo para cada cosa: – tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; (Eclesiastés 3:4) –
Para el Señor Jesús, el tiempo que estamos viviendo es el tiempo de llorar: Bienaventurados los que ahora lloráis.
¿Qué significa esto? ¿Qué es exactamente lo que el Señor está diciendo? ¿Por qué la segunda característica de un cristiano es llorar?
Llorar en espíritu
Debemos aclarar desde el principio que así como los pobres en espíritu son los bienaventurados, no los pobres materiales; así también los que lloran en espíritu son los bienaventurados y no los que lloran por cuestiones del mundo.
No se refiere este pasaje a las personas que están atravesando situaciones dolorosas como la pérdida de un ser querido o una enfermedad. Sufrir un terremoto y perderlo todo, no es motivo de bienaventuranza.
¿Por qué llorar?
Tal vez una pregunta más pertinente sería: ¿Por qué reír?
Por mi propio pecado
Cuando una persona toma conciencia de su situación delante de Dios. Cuando se da cuenta del estado corrompido de su alma, de la oscuridad de su corazón, de lo egoísta de sus intenciones; entiende que el juicio del Dios Santo está sobre él. ¡No hay nada que hacer! No hay forma de arreglarlo, ni siquiera hay donde esconderse. Solo podemos clamar misericordia, rogar el perdón. Golpearnos el pecho, como el publicano suplicando: “¡Señor! ¡Sé propicio a mí, pecador!”.
Hay dolor, mucho dolor en el hombre o la mujer que descubre que es pecador. Se siente sucio. Mira su vida a través de una nueva luz y entiende el mal que hizo, las heridas que provocaron sus palabras y acciones, lo necio de su orgullo. Por sobre todas las cosas ahora comprende que ha negado a Dios una y otra vez en Su propio rostro, y solo puede gemir como David: “¡Contra ti, contra ti he pecado! ¡Mi pecado está siempre delante de mí! ¡Límpiame, Señor, lávame, purifícame!» (Salmo 51)
Y hay aún más dolor cuando entiende el precio que Dios tuvo que pagar para poder perdonarlo: La sangre de su Hijo amado.
Él se humilló por mí haciéndose hombre. La agonía de Getsemaní fue por mí ¡La cruz fue por mí!
¿Cómo no llorar?
Es el Espíritu Santo que te hace ver lo que antes no veías.
2° Corintios 7:10 – Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. –
Bienaventurado el que tenga esa tristeza provocada por Dios porque produce arrepentimiento para salvación.
Por el pecado de los otros
Cuando me duele mi pecado, cuando entiendo lo que significa para Dios, y lo que provoca en el hombre, por consecuencia también me duele el pecado de los demás. David, después de arrepentirse, lloró por el pecado de los otros, diciendo: Ríos de aguas descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley – Ríos de agua descendieron de mis ojos,
Porque no guardaban tu ley. (Salmos 119:136) –
Nehemías lloró cuando le informaron el estado en que se encontraba Jerusalén: – Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante de Dios de los cielos. (Nehemías 1:4) –
Jeremías exclamó: – Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas,
Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo,
Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. (Lamentaciones 2:11) –
Y exhortaba a los demás a llorar por ella delante de Dios: – 18 ¡Pídele ayuda al Señor, bella ciudad de Sión!
¡Deja correr de día y de noche el torrente de tus lágrimas!
¡No dejes de llorar, no des reposo a tus ojos!
19 Levántate, grita por las noches, grita hora tras hora; vacía tu corazón delante del Señor, déjalo que corra como el agua; dirige a él tus manos suplicantes y ruega por la vida de tus niños, que en las esquinas de las calles mueren por falta de alimentos. (Lamentaciones 2:18, 19) – DHH (Dios Habla Hoy)
Aún el mismo Señor Jesús lloró por Jerusalén: – 41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. (Lucas 19:41 – 44) –
¿Qué vemos cuando miramos nuestra ciudad? Si la viéramos con los ojos del Señor, veríamos a las multitudes desamparadas y dispersas como ovejas que no tiene pastor, y sentiríamos compasión – Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9:36) -. ¡Están perdidos! ¡Están solos, no tienen a Dios! ¡Van camino a la perdición eterna! ¿Cómo podemos estar tan ciegos? ¿Cómo nos hemos insensibilizado tanto?
Hay algo que nos llama la atención: La Biblia no registra situaciones donde el Señor haya reído, pero sí donde lloró.
No solo lo hizo por Jerusalén, también lloró al ver el dolor de Marta y de los judíos que la acompañaban al morir Lázaro – 33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró. 36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. 37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?
38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. (Juan 1:33-39) -, y lo hizo en Getsemaní.
Pablo lloraba por los falsos maestros que engañaban al pueblo de Dios: – 18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal. (Filipenses 3:18, 19) –
El llanto no es popular en la iglesia de hoy.
¡Bienaventurados los que lloran!
Miles y miles de personas, a lo largo de la historia del cristianismo fueron perseguidas, torturadas y asesinadas por causa de Cristo. Los valdenses, los lollardos, los hussitas, los hugonotes: Hermanos nuestros, entre miles, que sufrieron por su fe.
Hoy está ocurriendo lo mismo en Oriente medio.
El corazón del hombre es tan oscuro como siempre.
A la luz del Espíritu, hay mucho por que llorar.
La iglesia occidental está demasiado ocupada buscando entretenimiento, emociones y sensaciones.
Algo hemos perdido.
Perdónanos, Señor.