
a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (Romanos 1:7) –
a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: (1° Corintios 1:2)
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: (2° Corintios 1:1) –
Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: (Filipenses 1:1) –
a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (Colosenses 1:2) –
Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: (Apocalipsis 2:1) –
Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto: (Apocalipsis 2:8) –
Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto: (Apocalipsis 2:12) –
Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: (Apocalipsis 2:18) –
Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: (Apocalipsis 3:1) –
Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: (Apocalipsis 3:7) –
Nos ubica espiritualmente
El Señor Jesús en su oración sacerdotal dijo:
Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. (Juan 17:11) –
Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. (Juan 17:14) –
Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. (Juan 17:18) –
El Señor repitió una y otras vez que no somos del mundo, sino que estamos en el mundo. Como ciudadanos de los cielos, nuestras expectativas, valores y riquezas están puestos allí. No compartimos los criterios mundanos, sino que somos conducidos por la Palabra de Dios. En ella tenemos basada nuestra manera de vivir, y por eso el mundo nos aborrece.
Lo que es general, también lo es en particular: No somos de la ciudad, sino que estamos en la ciudad.

Nos aclara la visión:
El Señor no pidió que el Padre nos quite del mundo – No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. (Juan 17:15) -. Estamos en este tiempo y en esta ciudad con un propósito definido:
21para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (Juan 17:21 – 23) –
El propósito explícito de la iglesia es que las personas del mundo vean que los creyentes verdaderamente viven lo que profesan: que se aman los unos a los otros.
En esto esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:35) –
Ese amor, manifestado en la perfecta unidad, hará que el mundo crea que Jesús es el Hijo de Dios, y que nosotros somos sus amados.
Esa es la evidencia de que somos un pueblo diferente en un mundo lleno de divisiones, celos y contiendas.

Pero si el mundo ve que dentro de la misma iglesia hay divisiones, celos y contiendas ¿Cómo creerá en Aquel que la envió?
Nos libra del error
Cuando se interpreta que la iglesia es de la ciudad, se puede caer en desviaciones en cuanto a la tarea que la iglesia debe realizar.
Hoy en día se habla de que debemos mejorar la imagen de la iglesia para alcanzar a la gente, que debemos ocupar cargos de importancia estratégica, o que debemos influir con buenos valores a la sociedad. Éstas y otras ideas semejantes, aunque parecen loables y efectivas, nos alejan de nuestra verdadera misión. La Biblia no habla que debemos ganarnos la simpatía o la confianza del mundo, por el contrario, dice que seremos aborrecidos.
Como no somos del mundo, no tenemos que trabajar por las cosas que perecen, sino que estamos en el mundo para trabajar por lo que permanece para vida eterna – Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre. (Juan 6:27) -; 19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. (Mateo 6:19 – 21) –
No se trata de mejorar el mundo corrompido. Los buenos valores no cambian a la gente.
Se trata de sacar a la gente del mundo.
«Id y haced discípulos«, ordenó el Señor.
Estamos en la ciudad de Punta Alta/Bahía Blanca para que la gente vea que Cristo es real.