El perdón

Porque si perdonáis a los  hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

(Mateo 6:14, 15)

Una de las áreas más difíciles de abordar en la vida de las personas es lo relativo al perdón. Hablar del perdón tiene que ver con los dolores más íntimos, con recuerdos que se quieren dejar atrás, pero que vuelven irremediablemente.

El perdón se vincula con los seres que más daño nos han causado, y que, definitivamente, no lo merecen.

Sin embargo, el Señor Jesús no puede ser más claro con su mandamiento: Debemos perdonar.

El apóstol Pablo le preguntó en una ocasión: – 21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18:21, 22) –

Ante semejante demanda, es necesario estar seguros sobre qué implica perdonar.

La palabra griega AFIEMI es un verbo que se traduce como PERDONAR y significa literalmente DEJAR AFUERA y se usa en el sentido de remitir y dejar totalmente cancelada una deuda.

Acción de perdonar: Remisión (eximir, liberar) de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente, indulgencia (remisión de los pecados).

Podemos vincular estas definiciones con la vida cotidiana y decir que perdón significa liberar de la culpa a alguien que nos ha hecho daño. Esto implicaría no guardar enojo ni rencor contra ella.

Pregunta para debatir: ¿Es posible perdonar a quien no se arrepiente?

perdone

En ocasiones se aconseja a una persona que está muy herida en su corazón, perdonar a aquel que la ha lastimado, aun si éste no se ha arrepentido. Inclusive se la insta a perdonar aunque su agresor haya muerto.

El motivo es que la persona pueda ser libre de toda amargura al soltar el perdón.

Sin embargo, este no es el sentido bíblico del perdón.

Si el perdón no sirve para sanar el corazón de quien lo concede, entonces, ¿cómo se sana?

No hay método para sanar el corazón. El perdón usado en ese propósito es solo una tergiversación de la Palabra de Dios. Es un intento del razonamiento humano para sanar el alma.

Pero como toda mentira, no sirve para liberar. Es la verdad la que nos hace libres.

La sanidad viene por una persona. El Señor Jesús.

Él vino a sanar a los quebrantados de corazón – [1El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de cárcel; (Isaías 61:1) –; 18El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner libertad a los oprimidos; (Lucas 4:18)] –. Él es el Consolador, al igual que el Espíritu Santo – [16Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: (Juan 14:16) –, nótese la palabra “otro”) – 

En el Padrenuestro, Jesús enseña a orar sobre el perdón: –Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. (Mateo 6:12) –

Y más adelante aclara: – 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6:14, 15) –

Nuestro perdón está vinculado al perdón de Dios: Como Dios nos perdonó a nosotros, así debemos hacer con nuestros ofensores.

Si no podemos perdonar, entonces tampoco podemos ser perdonados.

Isaías 55:7 – Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Hechos 3:19 (NVI) Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor. (Nueva Versión Internacional) – 

2° Crónicas 7:14 – Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

1° Juan 1:9 – Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Sin arrepentimiento no puede haber perdón.

Nosotros no podemos ser más buenos que Dios, ni tener más gracia que Él.

Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. (Lucas 17:3, 4) –

Para que podamos perdonar, debe haber arrepentimiento de parte del ofensor, porque el perdón es libertad para el cautivo. Es para aquel que ha comprendido su culpa, reconocido su falta y siente dolor por lo que hizo.

Pero el que no ha pasado por el proceso del arrepentimiento, no se considera culpable. No quiere ser perdonado ¿Cómo darle lo que no quiere recibir?

Mateo 7:6No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

¿Cómo obrar con las personas que no se arrepienten?

Hay un principio que debe regir la vida de todo discípulo: – 17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:17 -19) –

Como pacificadores, debemos tratar de ser parte de la solución, y no del problema. La Biblia diferencia la forma de solucionar los conflictos con creyentes e incrédulos.

I – Si es un hermano en la fe

Si un hermano en la fe ha pecado contra nosotros, no debemos perder de vista lo que esa persona significa para el Señor: – 10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. (Mateo 18:10, 11) – 

Aunque nos haya lastimado, sigue siendo uno de los “pequeños” del Señor. Alguien por el que ha derramado su preciosa sangre.

La palabra “menospreciar” es la traducción del griego Katafroneo, que significa tener en poco, despreciar, pensar en mal o en contra.

No debemos pensar así de nuestro hermano, por el contrario, debemos aplicar el principio de la oveja perdida: – 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. (Mateo 18:12 – 14) –

Por tanto, si un hermano ha fallado contra nosotros, y no ha dado señales de arrepentimiento, no debemos dejar que nuestro corazón se contamine con malos pensamientos. Es probable que no se haya dado cuenta del mal que nos hizo, o que, mediante una charla pueda recapacitar. Por eso el Señor ordena que seamos nosotros los que vayamos a arreglar el asunto.

Si con una entrevista a solas no alcanza, hay 2 instancias más para que reconsidere la situación.

15 »Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. 17 Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un cobrador de impuestos. (Mateo 18:15 – 17) – NVI (Nueva Versión Internacional)

Pero si después de estos sinceros esfuerzos para buscar la reconciliación, la persona no se arrepiente, ha quedado en evidencia lo que realmente es: no un hermano en la fe, sino un incrédulo o renegado.

No podemos perdonarlo porque no se ha arrepentido. Por eso el Señor dice: – De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. (Mateo 18:18) – 

Si se hubiera arrepentido, lo habríamos perdonado y también hubiera recibido el perdón del cielo; pero al no hacerlo, rechaza nuestro perdón y de esa manera, también el de Dios.

¡Qué distinto es lo que ocurre cuando la persona escucha la reprensión y se arrepiente!

19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18:19, 20) – 

Cuando hay reconciliación, Jesús mismo está allí y el Padre nos dará todo lo que pidamos en oración para que esa relación sea restaurada: Sanará las heridas, quitará todo dolor y derramarás Su paz y gozo.

Como discípulos de Cristo, debemos ser pacificadores. No podemos dejar que el enojo o el orgullo nos nublen el entendimiento. Debemos entender que esa persona que ha pecado contra nosotros, lo ha hecho contra Dios en 1er lugar, y necesita, como la oveja de la parábola, que la vayamos a buscar.

¿Y si volviera a pecar contra nosotros nuevamente? La respuesta que el Señor Jesús le dio a Pedro no necesita comentario: – 21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18:21, 22) –

II – Si es un incrédulo

En esta categoría entran todos los que no tienen la Biblia como norma de conducta y al Espíritu Santo para que los guíe a toda verdad, incluyendo a aquellos que no hicieron caso después de los 3 intentos del punto anterior.

18 A causa de la ignorancia que los domina y por la dureza de sus corazones, estos tienen oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios. 19 Han perdido toda vergüenza, se han entregado a la inmoralidad y no se sacian de cometer toda clase de actos indecentes. (Efesios 4:18, 19) – NVI (Nueva Versión Internacional)

No podemos razonar con ellos basados en la Palabra de Dios. Sería solo una discusión vacía fundamentada en los diferentes puntos de vista.

El mandamiento de Jesús para estos casos es:  – 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:44 – 48) –

También a ellos debemos mirarlos con los ojos del Señor, sin albergar resentimiento o rencor. Por el contrario, debemos amarlos, bendecirlos y orar por ellos. Nuestro trato hacia ellos debe mostrar quien es nuestro Padre.

El corazón duro y el corazón quebrantado

La Biblia nos muestra 2 tipos de corazones.

El corazón de un hombre natural es duro:

Efesios 4:18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.

Isaías 46:12Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia.

Es una persona cuyos intereses están centrados en sí mismo, y sigue los deseos de su propia voluntad.

Efesios 2:3 (PDT) Antes todos nosotros vivíamos así. Nuestra forma de vida era complacer los deseos de la naturaleza humana. Hacíamos cualquier cosa que el cuerpo deseara o que la mente pudiera imaginar. Tal como los demás, merecíamos que Dios nos castigara con su enojo. – (Palabra de Dios para Todos)

Es la persona que no se ha arrepentido delante de Dios, y, por lo tanto no recibió Su perdón.

El corazón de un hijo de Dios es un corazón quebrantado.

papiro

Cuando el Espíritu Santo trabaja en una persona, le trae convicción de pecado. Con la convicción de pecado viene el arrepentimiento y con el arrepentimiento, el quebranto.

El corazón quebrantado es aquel que ha entendido la gravedad de su propio pecado. Ha comprendido que su pecado lo llevaba a la perdición eterna y que solamente podía ser rescatado por el Salvador Jesucristo, pero que esta salvación no era gratuita: La sangre del propio Jesús fue el pago de sus pecados.

Un corazón quebrantado por el arrepentimiento permanece humilde, dócil. Y sabe que solo en Jesús puede encontrar gracia, consuelo, fortaleza y descanso.

1Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
3Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4Contra Ti, contra Ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
5He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
6He aquí, Tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
8Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
9Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
salmo
10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11No me eches de delante de Ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
12Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.
13Entonces enseñaré a los trasgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a Ti.
14Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.
15Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
16Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
17Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios.
18Haz bien con tu benevolencia a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
19Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
El holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.
(Salmos 51) –

Un corazón quebrantado es aquel que ha conocido el perdón de Dios.

No hay lugar para la falta de perdón en el corazón del discípulo. Por eso es que el Señor dice que si no perdonamos a los que nos ofenden, tampoco nuestro Padre que está en los cielos nos perdonará a nosotros – [Leer la parábola de – 23Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 28Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 29Entonces su consiervo, postrándose a sus pues, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo lo pagaré todo. 30Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía. 35Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. (Mateo 18:23 – 35) –

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