El tiempo se ha cumplido; y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. (Marcos 1:15)
Pregunta para discusión: Si le preguntáramos al Señor Jesús cuál era el tema principal de su enseñanza, ¿Qué crees que respondería?…………………………………………………………………………………………………………………………………..
El tema principal en la enseñanza del Señor Jesús era el Reino de Dios.
Veamos distintas etapas de su ministerio terrenal:
Cuando comenzó a predicar:
Mateo 4:17 – Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Cuando envió a los doce:
Mateo 10:7 – Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado
Durante los cuarenta días desde su resurrección hasta la ascensión:
Hechos 1:3 – a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.
Mateo habla del “Reino de los cielos”, mientras que Marcos y Lucas lo llaman “el Reino de Dios”. Probablemente porque el evangelio de Mateo estuvo dirigido a los judíos, y ellos evitaban nombrar a Dios por temor a violar el 4to mandamiento: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano” (Éxodo 20:7).
En la época del Señor Jesús, los judíos aguardaban que Dios interviniera de manera decisiva en la realidad que estaban viviendo.
Muchas profecías hablaban de la venida de un Mesías que restauraría el reino de Israel.
Salmos 110:1 – 7 – Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Jehová enviará desde Sion la vara
de tu poder; domina en medio de tus enemigos.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de tu santidad.
Desde el seno de la aurora tienes Tú el rocío de tu juventud.
El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones,
Las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras.
Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza
Leer Salmo 72, – 1Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel.
2Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. 3Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel. 4Y Él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
5Y éste será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales; (Miqueas 5:1 – 5) –
Ellos entendían que este Mesías vendría a libertarlos de sus enemigos (Roma). Muchos incluso creían que vendría como un héroe militar.
Sin embargo Jesús, el Mesías, vino a establecer un reino diferente. Un reino que no es de este mundo – 36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Juan 18:36) –: el reino de Dios.
El enemigo que debió vencer era mucho más poderoso que el imperio romano: Satanás y su reino de tinieblas.

Allí donde las personas se someten al gobierno de Dios, allí está el reino de Dios.
Si tu corazón está rendido a Dios, entonces formas parte de Su reino.
¿Esto es así en tu vida?
¿En qué o en quién tenés puesta tu confianza?

… vos mismo, tu ingenio, tu familia, tus amistades, tu país, tu gobierno, tus armas, tu dinero, tu autoridad, tu prestigio, tu reputación, tu auto, tu moto, tu ropa, tu casa, tu trabajo, tu éxito, tu apariencia, tus títulos, tus diplomas, tu iglesia, tus músculos, tus líderes, tus logros, tu simpatía?
5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6 Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. 8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. (Jeremías 17:5 – 8) –
¿Cómo se entra al reino de Dios?

Juan 3:5 – Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Mateo 18:3 – y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
La Biblia enseña que las personas sin Cristo están muertas en sus delitos y pecados – Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (Efesios 2:1) –, y que están imposibilitadas de entender la realidad del evangelio – Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (1° Corintios 2:14) –.
El nuevo nacimiento es un milagro que el Espíritu Santo efectúa, mediante el cual la persona es “regenerada”, es decir, su espíritu es vivificado, y se convierte en lo que las Escrituras llaman una nueva criatura – De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2° Corintios 5:17) –.
El Señor Jesús dijo que es necesario nacer de nuevo.

¡Cuidado! Podemos engañarnos a nosotros mismos, podemos engañar a los hombres, pero nunca a Dios.
21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mateo 7:21 – 23) –
La evidencia de que perteneces al reino de Dios es la obediencia: El que hace la voluntad de Dios es el que entra a Su Reino.
¿Cómo es el reino de Dios?
El Señor Jesús dijo a Poncio Pilatos:
Juan 18:36 – Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
El reino de Dios es totalmente diferente a los reinos de este mundo.
Para entender el Reino de los cielos, es necesario renovar nuestro entendimiento – No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestros entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2) –.
En el reino de Dios, la autoridad no está en mandar, sino en servir.
25Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Mateo 20:25 – 28) –
En el Reino de Dios, la libertad no está en hacer nuestra voluntad, sino en ser esclavos de Dios.
Romanos 6:22 – (PDT) Pero ahora, liberados del pecado, se han hecho esclavos de Dios. Como resultado, se dedican sólo a Dios y eso los llevará a la vida eterna. PDT (Palabra de Dios para Todos)
En el Reino de Dios la exaltación no está en el orgullo, sino en la humillación.
Mateo 18:4 – Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
Mateo 23:12 – Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Leer – 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:5 – 11) –
En el Reino de Dios, la riqueza no está en los bienes terrenales, sino en los celestiales.

Mateo 19:23 – 34: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
Leer – 19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. (Mateo 6:19, 20) – Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:24) – Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:26) – 15Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. (Lucas 12:15 – 21) –
En el Reino de Dios, la prioridad no es satisfacer las necesidades diarias, sino cumplir la voluntad de Dios.
25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:25 – 33) –
Romanos 14:17 – (TLA) En el reino de Dios no importa lo que se come ni lo que se bebe. Más bien, lo que importa es hacer el bien, y vivir en paz y con alegría. Y todo esto puede hacerse por medio del Espíritu Santo. (Traducción Lenguaje Actual)
El reino enemigo
El reino de las tinieblas está en abierta oposición al Reino de Dios.
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No hay una posición intermedia. Jesús le dijo a sus discípulos:
Mateo 12:30 – El que está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama.
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El mundo y su sistema cultural y político están bajo el poder de Satanás
1° Juan 5:19 – Sabemos que somos de Dios, y el mundo está bajo el maligno.
Cuando Jesús fue tentado por Satanás, éste le ofreció todos los reinos de este mundo. El Señor no negó que esto fuera así.
8Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. (Mateo 4:8 – 10) –
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Aquellos que no hacen la voluntad de Dios, cumplen la voluntad del diablo
¹Antes, ustedes estaban muertos para Dios, pues hacían el mal y vivían en pecado; ²seguían el mal ejemplo de la gente de este mundo, y obedecían al poderoso espíritu en los aires, que gobierna sobre los malos espíritus y domina a las personas que desobedecen a Dios.
³Antes nosotros nos comportábamos así, y vivíamos obedeciendo a los malos deseos de nuestro cuerpo y nuestra mente. ¡Con justa razón merecíamos ser castigados por Dios, como todos los demás! (Efesios 2:1 – 3) – (TLA) (Traducción Lenguaje Actual)
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El reino de las tinieblas fue derrotado en la cruz.
Colosenses 2:15 – Y despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
- El reino de las tinieblas, aunque derrotado, aún sigue operando con el propósito de que el reino de Dios no se extienda.
1° Pedro 5:8 (DHH) – Sean prudentes y manténgase despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar. (Dios Habla Hoy)

Apocalipsis 11:15 – El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos.
Y esa victoria es la de cada siervo de Dios
¡Aleluya!
Ilustración: La señorita Marisa y el reino de Dios
Mateo 13:33 – Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
Esta es la historia de una buena maestra. Una mujer amorosa y responsable que trataba de hacer bien su trabajo. La llamaremos Marisa.
Si le preguntabas a Marisa quién era su alumno preferido, ella te hubiera respondido que ninguno, que todos eran iguales para ella. Pero eso no era verdad. Todo maestro tiene estudiantes que sobresalen por su capacidad o simpatía.
Fernando no era uno de ellos. Al contrario, podríamos decir que le causaba desagrado. No te apures a juzgar a Marisa, porque seguramente a vos también te hubiera causado la misma impresión: Venía a la escuela sucio, con el pelo desordenado y grasoso. Tenía olor rancio y casi no se comunicaba con nadie. Se sentaba en la última fila, en la esquina más lejana del escritorio de la maestra. Andaba siempre solo. Sus cuadernos eran verdaderos desastres: Incompletos y desprolijos. Nunca traía las tareas hechas.
Sin embargo, la señorita Marisa, evitaba calificarlo con las malas notas. Trataba de alentarlo con comentarios como: “Tú puedes mejorar, Fernando”, o “Con más esfuerzo lograrás tus metas, ¡Adelante!”. No hay dudas de que era una buena maestra.
En el legajo de Fernando se podía leer su historia:
Primer grado: “…No tiene atención familiar. Su madre está muy enferma…”
Segundo grado: “…Su padre trabaja todo el día. La madre ha sido operada y sigue internada…”
Tercer grado: “…Fernando está muy triste por el fallecimiento de su mamá…”
Cuarto grado: “…Es un niño muy solitario y osco…”
Cuando llegó el día del maestro, los niños trajeron regalos para Marisa. Cuando ella se sentó detrás de su escritorio, todos se le acercaron con sus paquetes coloridos. Ella los abría y con un beso y una gran sonrisa, les agradecía a cada uno.
Fue una gran sorpresa cuando vieron que Fernando se paró y caminó hacia el escritorio con un paquete en la mano. Todos hicieron silencio.
Estaba envuelto en papel de diario, sin pegar. Se lo extendió a la maestra con la mirada fija. Ella lo tomó y le quitó el papel. Había un frasco de perfume barato, medio vacío y una pulsera de fantasía a la que le faltaba varias perlas. Antes de que nadie riera, la maestra exclamó:
- ¡Fernando! ¡Qué hermoso regalo!
Se echó perfume en la mano y se lo pasó por el cabello y el cuello.
- ¡Me encanta este perfume!
Luego se colocó la pulsera en la muñeca y la exhibió para que todos la vieran.
- ¡Miren que belleza! ¡Gracias, Fernando! – decía mientras lo abrazaba y besaba – ¡Me encanta tu regalo!
El resto de la clase transcurrió normalmente. Cuando sonó la campana del recreo, todos los chicos salieron corriendo. Cuando estuvieron solos, Fernando se acercó a la maestra, y con una sonrisa que ella nunca le había visto, le dijo:
- ¡Qué lindo que te haya gustado mi regalo, señorita! Hoy todo el día olías como mi mamá. Ese era su perfume y esa era su pulsera.
La señorita Marisa no pudo emitir palabra. Fernando se fue al recreo sin darse cuenta que las lágrimas inundaron el rostro de la maestra. Ella se apresuró para cerrar la puerta y lloró. Se dio cuenta que nunca había amado a Fernando, que jamás había reparado en su dolor. Que había sido indiferente.
Se arrodilló delante de Dios, entendió que su pecado la alejaba de su Creador. Y allí, sola en su aula de escuela, entregó su vida a Cristo.
Cuando volvieron los niños del recreo. El aula era otra. Ahora el reino de Dios estaba allí.
La señorita Marisa ya no era solo una buena maestra. Ahora era alguien que podía amar con el amor de Dios. Y lo hizo.
Se brindó con pasión a su tarea. Se dedicó especialmente a Fernando. Ella misma se encargaba de forrarle los cuadernos y los libros. Se aseguraba de que complete las tareas y muchas veces se quedaba en los recreos a explicarle lo que no entendía ¡Hasta logró que Fernando se bañara todos los días! El niño progresó mucho, y al finalizar el ciclo lectivo, había llegado a superar con sus notas a muchos de sus compañeros.
Durante esas vacaciones, el padre de Fernando recibió una propuesta de trabajo en otra ciudad y debieron mudarse. La señorita Marisa se sintió muy triste al enterarse, y por mucho tiempo no supo nada de él.
Cada día oraba por su alumno.
Un día recibió una carta. Era de Fernando. Le contaba que había aprobado el examen de ingreso en la Facultad de Medicina. Marisa agradeció a Dios con el corazón rebozando de alegría.
Años después, recibió otra: Fernando se había recibido. Ahora era el doctor Fernando.
A los pocos días llegó otra:
- “Señorita Marisa, me casaré el mes que viene, ¿podría estar a mi lado en la iglesia para esperar a la novia?”
Y allí estuvo la señorita Marisa, tomando del brazo a su ex alumno.
¿Por qué? Porque Marisa no había sido solo una buena maestra. Fue el instrumento que Dios usó para manifestar Su amor. Su influencia cambiaba vidas. Así sucede con todo aquel a cuyo corazón ha venido el reino de Dios.