Las personas no son mansas por naturaleza. Hay una fuerza interior que las lleva a pretender que los demás las valoren y respeten. Se llama orgullo.

Como el mundo no entiende el significado de la mansedumbre, por lo general considera mansa a la persona que responde rápidamente a la agresión, ya sea por timidez, debilidad de carácter o simple cobardía. Pero la verdad, es que esta gente guarda en sus corazones resentimiento, odio y sed de venganza, aunque no lo manifieste externamente.
Como dijimos en artículos anteriores, las «Bienaventuranzas«, describen las características del verdadero seguidor de Cristo. Tenemos aquí la 1era cualidad visible. Nadie sabe, excepto Dios, si eres pobre en espíritu o si lloras delante de Él por tu pecado y el de los otros. Pero sí es evidente la mansedumbre.
Realicemos un ejercicio para verificar si somos mansos:
Puede ser relativamente fácil reconocer delante de Dios que somos pecadores. Incluso podemos confesarlo en oración: «Señor, soy un miserable pecador«, pero, ¿Cómo reaccionarías si un hermano de la iglesia te mirara a los ojos y te dijera: «Pienso que eres un miserable pecador«?
¿Las mismas palabras que estás dispuesto a reconocer en la intimidad con el Señor, moverían tu indignación en boca de un ser humano?
Tus reacciones son proporcionales a tu orgullo.
«Bienaventurados los manos«, dice el Señor.
¿Quiénes son los mansos?
Cada bienaventuranza es consecuencia de las anteriores. El manso es una persona pobre en espíritu y uno de los que lloran.
Alguien que ha comprendido su necesidad de la gracia de Dios debido a que no tiene absolutamente ningún mérito que lo salve del infierno; y ha llorado delante de su Creador por la condición de su alma y la oscuridad de su pecado; necesariamente esa persona experimenta un profundo cambio en su interior.
La mansedumbre proviene de ese tratamiento íntimo con Dios que hace que nos miremos a nosotros mismos de una manera más realista: Si no me he ganado nada, ni merezco nada, no cabe esperar honores de los demás.
El Doctor Lloyd Jones escribió: “El verdaderamente manso es el que vive sorprendido de que Dios y los hombres puedan pensar tan bien de él y lo traten tan bien como lo tratan”.
Y si nuestra mirada hacia nosotros mismos cambia, también cambia nuestra percepción de los otros. La actitud y el trato hacia ellos no será el mismo: Seremos más amables, considerados, pacientes y sensibles, en otras palabras, mansos.
La Biblia está llena de ejemplos de hombres mansos: Moisés – Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. (Números 12:3) –
Esta afirmación fue hecha a raíz del incidente donde sus hermanos Aarón y María murmuraron contra él. Dios usó a este hombre de una manera única, sin embargo tuvo que soportar la ingratitud no solo del pueblo, sino de sus propios hermanos. Aunque pudo, nunca buscó venganza. Era un hombre manso.
Abraham también fue un hombre manso. Un ejemplo de esto lo encontramos en su actitud cuando debió separarse de Lot: – 6 Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. 7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. 8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. 9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. 10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. 11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. (Génesis 13:6 – 11) –
David fue otro hombre manso, que pudiendo matar a Saúl cuando éste lo perseguía, prefirió dejar que el Señor le hiciera justicia.
3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. 4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. 5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. 6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. 7 Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino. (1° Samuel 24:3 – 7) –
Job, Jeremías, Esteban, Pablo y el resto de los apóstoles fueron hombres mansos.
Sin embargo el más claro y sublime ejemplo es el mismo Señor Jesús, quien dijo de sí mismo que era manso y humilde de corazón – Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; (Mateo 11:29) –
Él se entregó a sí mismo como un cordero al matadero. Ni una palabra salió de su boca. – 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaías 53:3 – 7) –
El Señor Jesús dijo que los mansos son bienaventurados por una razón específica:
Los mansos recibirán la tierra por heredad
Esa sí que es una afirmación sorprendente. Nadie espera que un manso alcance algo. Por el contrario, son los que se imponen, los que exigen, los que los que conquistan los que poseen la tierra.
Para los judíos era especialmente chocante esta afirmación: sus antepasados habían tenido que luchar contra sus enemigos para poseer la tierra prometida, y ahora esperaban un Mesías guerrero que los librara del poderío romano y tomara el reino por la fuerza.
Sin embargo, el Señor estableció desde el principio de Su discurso que el reino de los cielos se había acercado y que las cosas serían totalmente distintas: La tierra la recibirán los mansos.
En realidad, el Señor estaba afirmando algo que el Antiguo Testamento también enseñaba.
7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.
8 Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
9 Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.
11 Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz. (Salmos 37:7 – 11) –
Los mansos son personas que esperan en Jehová. Ellos heredarán la tierra.
El mundo nos dice: “apúrate! ¡Actúa! ¡Hazlo ahora! ¡Que nadie se te adelante!”, y la Biblia dice “Espera en Dios”.
No te alteres al ver que el que toma el camino torcido prospera. Deja la ira, deshecha el enojo, no te excites de manera alguna a hacer lo malo. No quieras cortar camino. Espera en Dios.
¿Te resulta imposible? ¿Tu alma se inquieta y no puedes esperar?
¡Escucha al Señor Jesús! – 28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; (Mateo 11:28, 29) –
Tu alma solo podrá descansar cuando seas manso y humilde de corazón y esto solo lo lograrás viniendo a Jesús, tomando su yugo y aprendiendo de Él.
Siendo manso, recibirás la herencia.
Romanos 8:17 – Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. –
Siendo manso, serás verdaderamente bienaventurado.

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
(Colosenses 3:12)