Llegamos a la bienaventuranza final. Hemos visto hasta ahora que el cristiano verdadero es una persona pobre en espíritu, es alguien que ha llorado y llora a causa del pecado, es uno cuyo carácter ha sido amansado, que tiene hambre y sed de justicia, que es misericordioso, de limpio de corazón y pacificador. Esta persona, por el hecho de ser así, provoca una reacción particular de parte de la gente del mundo: La persecución y el vituperio.

10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:10 – 12) -.
Una característica del discípulo
Podríamos pensar equivocadamente que la persecución es una circunstancia que les toca sufrir algunos. No se trata de circunstancias, sino de una característica. Algo que distingue al seguidor de Cristo, tanto como la pobreza de espíritu, o la misericordia.
Hay en el pueblo evangélico una noción ligera y facilista, que supone que el cristiano es una persona que despierta el agrado de los demás. Según esta manera de pensar, el seguidor de Cristo debe mostrarse alegre, simpático y tolerante. De esta manera, la gente se sentirá atraída a él para que les comparta su fe. Esto es exactamente lo contrario de lo que enseñó el Señor Jesús:
¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. (Lucas 6:26) –
La verdad lisa y tajante es que el cristiano verdadero recibe el rechazo de las personas.
La causa de la persecución
Es necesario entender que la persecución no se padece por ser buenos o solidarios. Las personas con esas características difícilmente provoquen reacciones negativas. Por el contrario, son aplaudidas y felicitadas. Son reconocidas y animadas por todos los sectores de la sociedad. La persecución se produce por causa de la justicia. Es decir, por obrar conforme a la voluntad de Dios.
Así ocurrió desde los tiempos de Abel: – Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. (Hebreos 11:4) –
Así pasó con Moisés, con David, con Elías, con Jeremías y los profetas de Dios.
El ejemplo más claro es el mismo Señor Jesús. Él fue la persona más justa que haya pisado la tierra jamás. Sin embargo, lo mataron. Y en su asesinato estuvieron de acuerdo ricos y pobres; religiosos y paganos:
15Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! (Mateo 27:15 – 26) –
¿Qué podemos decir a esto? Prefirieron al asesino Barrabás que al Justo Jesús. Si eso hicieron con el mismísimo Hijo de Dios, ¿Podemos nosotros esperar otra cosa? Si a Él lo odian, también a sus seguidores odiarán.
18Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. 20Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 21Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. (Juan 15.18 – 21) –
Diferentes
La razón de ese odio es que los cristianos son diferentes al resto. Si fueran como los demás, serían amados: el mundo ama lo suyo. Pero los cristianos no pertenecen a este mundo, el Señor lo dijo claramente: «de ellos es el reino de los cielos«. Allí está su ciudadanía. Esa es la confusión en la que ha caído gran parte de la iglesia de hoy: busca parecerse al mundo para ser aceptados. Es un contrasentido, no hay similitud posible. No se trata de la vestimenta, ni del lenguaje. Se trata de a Quien representamos.
Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; (2° Timoteo 3:12) –
Bienaventurados por los insultos, la persecución y la mentira
Ahora bien, el cristiano fiel y verdadero será perseguido. Esto no es motivo de lamentación. Por el contrario, el que sufre persecución es bienaventurado. Lo es cuando lo insulten, lo persigan y digan toda clase de mal contra él, mintiendo.
Los insultos, la persecución y la mentira son la respuesta que provoca la impotencia.
El mundo se siente impotente frente a una persona que sigue la justicia de Dios. No puede razonar con él, no hay forma de hacerle entender que no es conveniente ser así, que no es lógico, ni normal.
Alguien así molesta en su lugar de trabajo, en su escuela, incluso, en su familia.
No hay nada peor para el que está haciendo lo malo, que la presencia de un hombre o mujer que ama la justicia. Es una acusación constante a su conciencia. Sus palabras son irrefutables y sus acciones irreprochables. De ahí que las únicas medidas que se puedan tomar contra él sean la violencia y la mentira.
Fue así con el Señor Jesús:
59Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. (Mateo 26:59 – 61) –
Y es así con sus discípulos:
9Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 10Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. 12Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; (Hechos 6:9 – 13) –
Es destacable que la oposición que recibe el cristiano verdadero provenga, muchas veces de personas religiosas. Esto es evidente en las Escrituras y lo es a lo largo de la historia.
Lo verdadero es insoportable para el hipócrita. Le resulta necesario hacerlo callar. Cuando mataron a Esteban, dice – 57Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. (Hechos 7:57) – que arremetieron contra él gritando y ¡tapándose los oídos!
El Señor Jesús señaló:
Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. (Juan 16:2) –
Gozo y alegría
El Señor nos alienta a gozarnos y alegrarnos cuando sufrimos vituperios por Su causa. Esta reacción por parte del mundo es como una medalla de reconocimiento para el discípulo de Cristo. Es una honra.
Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, (Filipenses 1:29) –
Dios nos concedió el don de la fe para que seamos salvos. Junto con ese regalo, también nos distinguió con el honor de padecer por Él.
40Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. 41Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. (Hechos 5:40, 41) –
Somos privilegiados cuando padecemos por causa de su nombre. Es haber sido considerados dignos de semejante honor.
Esto no significa minimizar el dolor y el sufrimiento. No podemos tratar con frivolidad un asunto como este. Hay hermanos nuestros que en estos momentos están soportando la cárcel, el destierro y el peligro cierto de muerte propia o de un ser querido.
Hay informes que declaran que en la actualidad muere un cristiano cada 5 minutos por causa de su fe.
No creo que alguien pueda reírse en este tipo de situaciones. Pero sí creo en el poder del Espíritu Santo para fortalecer al que está siendo martirizado; y también creo que en medio de las lágrimas, podemos alegrarnos por la recompensa que recibirán: Una muy grande en los cielos. La misma que los profetas que vivieron antes que nosotros.
Aquellos que son consecuentes con su fe en Cristo provocará el rechazo del mundo. Habrá personas, algunas de ellas con apariencia de espirituales, que hablarán mal de ellos y mentirán para ensuciar su testimonio. Harán todo lo posible para que callen. Es lo que el mundo hace con los que aman la justicia.
Estos son los bienaventurados, ¡De ellos es el reino de los cielos!
