Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (Romanos 12:1) –
A lo largo de los primeros 11 capítulos de la Carta de Romanos, Pablo nos describe las numerosas y maravillosas “misericordias de Dios” hacia los creyentes. En ellos enseñó de la gracia dada a personas que solo merecen condenación, de la justicia satisfecha por el sacrificio de nuestro Salvador Jesucristo, de la santificación por el Espíritu Santo, de la libertad sobre el pecado y sobre la ley, de la seguridad que tenemos los escogidos, de la esperanza que nos fortalece, de la herencia que nos espera, y de tantas otras bendiciones que recibimos en Cristo Jesús.

A partir del capítulo 12 el apóstol enseña que, habiendo recibido esas misericordias, nuestra vida debe cambiar radicalmente. Se requiere que nuestros cuerpos, lo que significa, nuestras vidas sean una constante ofrenda a Dios. El culto no se limita a un tiempo determinado de adoración, sino que se extiende a cada momento de nuestra existencia. La antigua palabra griega para racional (logikos) también puede ser traducida “de palabra” [como lo está en – 2desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, (1° Pedro 2:2)] –. Culto racional es una vida de adoración según la Palabra de Dios. Para que eso ocurra, necesitamos tener una transformación de nuestra manera de pensar. Ya no podemos seguir pensando como antes.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2)
En este versículo Pablo nos plantea algo que no hay que hacer, algo que sí hay que hacer y un propósito.
Lo que no hay que hacer: No os conforméis a este siglo.
Lo que hay que hacer: transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento
El propósito: para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
A. No os conforméis a este siglo
Otras traducciones dice:
PDT: No vivan según el modelo de este mundo
LBLA y TXT: Y no os adaptéis a este mundo
NTV: No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo
NVI: No se amolden al mundo actual
La palabra conforméis es la traducción del griego susquematizo que significa “tomar la misma figura o apariencia de otro”. “Este siglo” es “la corriente de este mundo” – 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, (Efesios 2:2) –, el sistema cuya cultura y manera de pensar están en rebelión contra Dios. Pablo también lo llama “el presente siglo malo” – 4el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, (Gálatas 1:4) –. El término “siglo” señala también un espacio temporal que llegará a su final cuando el Señor Jesucristo vuelva y de comienzo al “siglo venidero” – [32A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. (Mateo 12:32) –; 30que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. (Marcos 10:30) –; 30que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. (Lucas 18:30) –; 21sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; (Efesios 1:21) –; 5y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, (Hebreos 6:5)] –. La idea es que “este siglo”, actúa como un molde para que todas las personas tengan la misma forma de pensar. Los cristianos deben salir de ese molde. En la carta de los Efesios Pablo reafirma el mandamiento:
17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21si en verdad le habéis sido por Él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 22En cuanto a la pasas manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:17 – 24) –.

Los “otros gentiles” son las personas que no han creído en el Señor Jesucristo. Ellos tienen el entendimiento entenebrecido, piensan conforme al “molde” de este siglo y están completamente ajenos de la vida de Dios. No pueden entenderla. Permanecen en la ignorancia espiritual a causa de sus corazones endurecidos y sus obras reflejan esa manera de pensar: insensibilidad, lascivia, impureza. Ese es el molde de este siglo. Es necesario cambiar la manera de pensar para cambiar la manera de vivir.
Ahora bien, la Escritura enseña que hay algo en este mundo que no pertenece a este mundo. Algo que vive en el presente siglo malo con la mirada puesta en el siglo venidero: La iglesia.
B. Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento
Transformarse es cambiar de forma. Pablo ordena que nos transformemos. Que lo hagamos nosotros, y que lo hagamos renovando nuestra manera de pensar. Es algo que debemos hacer porque podemos hacerlo. Hemos recibido todas las “misericordias de Dios”, hemos sido librados del presente siglo malo – 4el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, (Gálatas 1:4) –, ahora ya no debemos andar en la “vanidad de la mente”. Pablo nos da ese mandamiento porque el cambio no ocurre solo. En el momento del nuevo nacimiento, el Espíritu Santo nos abre el entendimiento hacia las cosas espirituales. Somos sacados de las tinieblas en las que vivíamos y somos atraídos a la luz – 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (1° Pedro 2:9) –. Podemos ver, entender, discernir el reino de Dios – 3Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3:3) –. Somos hechos nuevas criaturas – [17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2° Corintios 5:17) –; 15Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. (Gálatas 6:15)] – ¡Somos salvos y santificados! Pero, aunque todas esas cosas ocurrieron en nuestro interior, seguimos viviendo en este siglo malo. Y así como nuestros cuerpos siguen siendo los mismos, también nuestra forma de pensar sigue siendo mala. La forma de pensar cambiará en la medida que vayamos incorporando en nuestra mente la Palabra de Dios. Pero no como un mero conocimiento, sino creyéndola, lo que significa, viviéndola. Creer y vivir el consejo de Dios es lo que rompe el molde en que estábamos metidos.
La manera de pensar del mundo no es abiertamente maligna, al contrario, es lo que se entiende como “razonable”. Es el “sentido común”. Es lo que todos entienden como bueno. Transformar nuestro entendimiento es romper con “sentido común”. El consejo de Dios no es razonable para el mundo. Es todo lo contrario, para ellos es locura. Lo que para el mundo es sabiduría, para Dios es necedad.
18Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. 19Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. (1° Corintios 3:18, 19) –.
El sentido común dice: “piensa en ti mismo”, el Señor dice: “niégate a ti mismo”.
El ejemplo del Señor Jesús
La 1era vez que anunció a sus discípulos que las personas más importantes de la nación lo someterían a tormentos y lo crucificarían, Pedro trató de convencerlo de lo contrario:
21Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. (Mateo 16:21, 22) –
Comenzó a reconvenirle. Es decir que Pedro reprendió al Señor. Le quería hacer ver su equivocación. Lo que le estaba diciendo era que debía ser razonable. Que Él no se merecía eso. Ten compasión de Ti: ¡Debía pensar en sí mismo! Era un buen consejo, tenía mucho sentido. Un momento antes había reconocido que Jesús era nada menos que el Mesías, el Hijo del Dios viviente – 16Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (Mateo 16:16) –. El Mesías debía ser tratado con respeto y honor.
Pero lo que es razonable para los hombres, es una aberración para Dios:
Mateo 16:23 – Pero Él, volviéndose, dijo Pedro: ¡Quítate de delante de Mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Esa forma de pensar es conforme a este siglo. El Señor Jesús la atribuye directamente a Satanás. Totalmente opuesta a la forma de pensar según Dios. Las personas del mundo piensan en sí mismas: en sus conveniencias, en sus intereses, en sus gustos, en sus ambiciones. Ponen la mira en las cosas de los hombres, no en las de Dios. El Señor Jesús no vino al mundo porque pensaba en lo que le convenía a Él. Si así hubiera sido, se hubiera quedado en la gloria con Su Padre. Él “no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos” – 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Mateo 20:28) –.
Los discípulos de Jesús deben pensar distinto. Deben renovar su entendimiento, de lo contrario, no pueden ser sus discípulos:
24Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 16:24, 25) –
Ningún seguidor de Cristo debe pensar en sus propias conveniencias como prioridad. Toda su vida pasada fue así. Sirvió a su carne desde que nació. Seguir a Cristo significa negarse a sí mismo, tal como Él lo hizo. Negarse a sí mismo hasta el punto de tomar su cruz. Es decir, menospreciar su propia vida. El que hace así es un verdadero cristiano. Ese tiene vida eterna. El apóstol escribió a los filipenses:
2completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:2 – 8) –
El cristiano no impone sus razones, no busca su propio interés, no contiende motivado por su vanagloria. El discípulo de Cristo estima a los demás como superiores a él mismo. Eso es negarse a sí mismo. Ese es el sentir que hubo también en Cristo Jesús, quien no vino al mundo a ser servido sino a servir. Ese sentir no es que el mundo estima como “sentido común”. Por eso debemos transformados mediante la renovación de nuestro entendimiento. Porque ser un siervo no es razonable. Somos siervos de Dios los unos de los otros. No es lo que el mundo aprecia pero es la voluntad de Dios.
C. Para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Comprobar significa probar en la práctica. La Biblia de las Américas traduce “verifiquéis”. Solo cambiando la manera de pensar podemos comprobar que la voluntad de Dios expresada en Su Palabra es buena, agradable y perfecta. La idea que el apóstol transmite es que la Palabra de Dios es puesta a prueba cuando la creemos y la aplicamos a la vida cotidiana. Al hacerlo, vemos que lo que está escrito es verdad. Que se cumple exactamente lo que el Señor dice, que nos conviene obedecerla siempre. Es decir, comprobamos en la práctica que la voluntad de Dios es verdaderamente buena, agradable y perfecta. El conocimiento intelectual no transforma la manera de pensar. Es el conocimiento aplicado a la vida lo que la cambia. El Señor lo explicó en una parábola:
24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mateo 7:24 – 27) –.

El que oye la palabra de Dios y la aplica en su vida, es comparado a un hombre prudente, quien, cuando llegan las tormentas, comprueba que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.
El Señor dice:
27Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que no es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. 32Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
37No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. 38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. (Lucas 6:27 – 38) –.
Nada de esto es razonable. Nada de lo que el Señor ordena en esta sección tiene que ver con el “sentido común”, ¿Dónde está la conveniencia de actuar así? Es verdaderamente una locura. El Señor se dirige a vosotros los que oís. Algunos oyen esta palabra y la hacen y otros la oyen y no la hacen. Unos son comparados con un hombre prudente y otros con un hombre insensato. Ambos grupos tienen el conocimiento intelectual. Los que la cumplen, no se conforman a este siglo; lo que no la obedecen, piensan de la misma manera que el mundo. El Señor dice también los pecadores aman a los que los aman; Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo; también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
Pero aquel que es capaz de amar a sus enemigos, bendecir a los que hablan mal de él; aquel que no tiene ánimo de venganza, que dan sin esperar beneficios personales, el que trata a los otros como le gusta que le traten, ese comprobará en su experiencia que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.
Esto ocurre con cada mandamiento de las Escrituras. Cada uno se opone al “Sentido común”. Veamos algunos ejemplos:
Romanos 12:3 – Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
Romanos 13:1 – Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
1° Corintios 6:18 – Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1° Corintios 7:10, 11 – 10Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe de su marido; 11y si separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.
2° Corintios 6:14 – No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
Efesios 4:26 – Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
Efesios 5:22 – Las casadas estés sujetas a sus propios maridos, como al Señor.
Efesios 5:25 – Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
4Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! 5Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. (Filipenses 4:4 – 6)
1Pedro 5:6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.
Cada uno de estos pocos mandamientos va en contra de “la corriente de este mundo”. Son verdaderas insensateces para la mente de los incrédulos. Pero, a la vez, son resistidos por muchos creyentes. Esto ocurre cuando la mente no ha sido renovada. Cuando se pone la mira en las cosas de los hombres y no en las de Dios. Los que los obedecen, comprueban gozosos que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.
LA IGLESIA.
La iglesia es la comunidad de los santos. El Señor Jesús oró por sus discípulos la noche antes de ser crucificado y dijo de ellos:
Juan 17:16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
El apóstol Pablo escribió:
Flp 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.
Y Pedro:
1Pe 2:11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
Al estar compuesta por personas que no pertenecen a este mundo, la iglesia es completamente distinta a cualquier institución humana. Para que podamos comprender la naturaleza, la organización y la función de la iglesia, la Biblia emplea metáforas y comparaciones.
La iglesia es como una familia en la cual Dios es el Padre, Jesucristo el Hermano Mayor, y los creyentes los hermanos menores, adoptados en Cristo Jesús (Juan 1:12; Ro 8:14-17, 29; Efe 1:5; 2:19; Gal 3:16; 1 Juan 3:1,2, 10; 5:2).
La iglesia es como un templo cuyo cimiento es la doctrina de los apóstoles y profetas y la Piedra principal, Jesucristo mismo. Los creyentes, funcionan como piedras vivas que se sostienen unos a los otros (1 Co 3:16,17; Ef 2:20.22; 1 Pe 2:4,5).
La iglesia es como una novia que se presara para recibir al esposo (Ef 5:23-27; Ap 19:7-9; 21:9); como una ciudad hermosa como una joya (Heb 12:22; Ap 21:2; 21:10-27); como un ejército (Ef 6:10-17; 2 Cor 6: 3,4; 1 Tim 6:12; 2 Tim 2:3,4; 4:7); como una nación (1 Pe 2:6). Las comparaciones son numerosas, pero de todas, la que esclarece más sobre el funcionamiento de la iglesia es la del cuerpo humano, en la cual Cristo es representado como la Cabeza, y los creyentes como el cuerpo.
Efe 1:22 … y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
Así como el cuerpo funciona por la interacción de sus miembros u órganos, así ocurre con la iglesia: Cada creyente ha sido dotado de, al menos, un don espiritual para el beneficio de los demás:
Rom 12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
1Co 12:7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
No hay jerarquías. Todos los miembros del cuerpo son igualmente importantes. Cada uno ha sido capacitado por el Espíritu Santo para servir a los demás desde el momento mismo que de la conversión.
1Co 12:21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios
Según la forma de pensar de este siglo, el más importante es el que manda. Todo lo contrario ocurre en el reino de Dios. El Señor Jesús dijo a sus discípulos:
Mat 20:25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
El más importante para el cuerpo es aquel que sirve humildemente.La iglesia es una comunidad de siervos. Cada uno está al servicio de los demás y lo hace según el don que ha recibido:
1Pe 4:10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Rom 12:6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
El mismo Señor Jesús constituyó a algunos para servir de manera especial.
Efe 4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Estos ministros son en sí mismos un don para la iglesia (Efe 4:8). No tienen el don apostólico, o profético, sino que “son” apóstoles y profetas. En las iglesias locales, El Señor constituyó pastores maestros. Tienen la tarea de perfeccionar a los santos por medio de la enseñanza de la Palabra de Dios para que puedan servir conforme a sus dones, es decir, realizar la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. Son los santos quienes deben realizar la obra de servicio. Todos, sin distinción. En la Escritura no existe la separación entre un grupo minoritario dedicado a la obra del Señor (que llegaría a llamarse “clero”) y otro, mucho más numeroso, que solo oficia de espectador (el “pueblo” o “laicado”).
Para que los ministros puedan dedicarse al ministerio de la palabra y la oración, la iglesia escoge algunos hombres para encargarse de tareas específicas que tienen que ver con el funcionamiento de la iglesia. Estos son los diáconos (Hch 6: 1-6; 1 Tim 3:8-13).
Desde su comienzo, la iglesia se ha reunido el primer día de la semana (Hch 20:7; 1 Co 16:2). En esas reuniones, se alababa al Señor con cánticos espirituales (Efe 5:19), se enseñaba la Palabra, se compartía la Cena del Señor (Hch 20:7), compartían sus cargas
para orar los unos por los otros (Hch 2:42) y se servían mutuamente por medio de sus dones espirituales:
1Co 14:26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.
Era una reunión de siervos. La iglesia de Corinto hacía un mal uso de los dones, convirtiendo el culto en una feria de vanidades, por eso Pablo da el mandamiento de que se hiciera todo para edificación. No ordena que deje de hacerse de esa manera, sino que hicieran todo, pero decentemente y con el orden (1 Co 12:40).
Esta manera de reunirse deja muy poco espacio a la organización humana. Requiere confianza en la Palabra de Dios, en la obra del Espíritu Santo y un renunciamiento del liderazgo a tener el control.
Las reuniones estilo auditorio, donde un grupo reducido (pastor, líder de alabanza, músicos) dirige la adoración del pueblo son completamente ajenas a la Escritura. Allí no hay interacción entre los santos. No solo no pueden ministrarse los unos a los otros, sino que ni siquiera se conocen. Son meros espectadores que hacen lo que se les dice. Este estilo de reuniones son una manifestación de la forma de pensar de este siglo. Son reuniones fácilmente controlables y no presentan riesgos. No difieren demasiado de cualquier espectáculo público. Desde las iglesias pentecostales hasta las reformadas más estrictas tienen esa estructura.
Es el sentido común y no la obediencia a las Escrituras lo que se destaca de la organización de las iglesias de hoy.
La membresía es una muestra de ello. En el Nuevo Testamento no figura esa palabra. Cuando se habla de “miembro”, se refiere a la
figura del cuerpo o de la familia de Dios. La membresía es una idea tomada de ciertas organizaciones humanas: clubes, sociedades comerciales, etc. . La iglesia que tiene membresía, atribuye al liderazgo la capacidad de determinar si una persona que desea congregarse, puede o no ser miembro. En la práctica, se le dicta un curso, se la somete a un interrogatorio, y, si es aprobada y tiene una vida aparentemente ordenada, se la incluye como miembro. Verdaderamente parece algo razonable, pero no es bíblico. El apóstol Pablo escribió a los corintios:
1Co 4:5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.
Pablo está hablando de la fidelidad a Dios: Nadie puede juzgarla porque nadie sino Dios juzga las intenciones del corazón. Los hombres solo ven lo que tienen delante de sus ojos (1 Sam 16:7). No pueden distinguir una oveja de un lobo disfrazado de oveja hasta que no se manifieste abiertamente. Los exámenes de membresía son inútiles.
Las instituciones humanas tienen miembros, la iglesia está compuesta por santos escogidos
Rom 1:7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos:
1Co 1:2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro
Efe 1:1 … a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso…
Flp 1:1 … a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos:
Col 1:2 …a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas
1Ts 1:1 … a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo
1Pe 1:1 … a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.
Nunca se menciona una frase al estilo de: “a los miembros de la iglesia de Dios en…” Aquel que cree en el Señor Jesucristo ha sido incorporado a Su familia, la iglesia universal. Si Cristo lo recibió, la iglesia local también debe hacerlo con gozo sin restricciones.
La Escritura deja bien en claro que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, lo que significa que el Señor actúa a través de la iglesia. Sin embargo, a lo largo del tiempo se han creado múltiples organizaciones paraeclesiásticas que utilizan los métodos del mundo para realizar la obra que Cristo encargó la iglesia:
· La capacitación de los ministros se realiza en institutos bíblicos y seminarios, que son una reproducción de las escuelas y universidades del mundo: tienen profesores, los contenidos se dividen en materias, se otorgan títulos, etc.
· Las misiones están a cargo de agencias misioneras.
· Los ministros itinerantes no visitan las iglesias y se quedan un tiempo para enseñar y tener comunión con los santos, sino que se organizan congresos multitudinarios con slogans atrayentes.
El mundo ha invadido a la iglesia. Debemos dejar de lado el “sentido común” y volver a las Escrituras para comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
LA DISCIPLINA.
Mat 18:15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
1Co 5:6 ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
Divisiones.
Tit 3:10 Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo,
Jud 1:19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.
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