El problema del evangelismo actual

La iglesia de hoy utiliza diferentes métodos y herramientas de evangelismo. Hay cientos de libros dedicados al tema. Se dictan seminarios y talleres.

Los evangelistas modernos tienen una variada gama de recursos para lograr que sus mensajes provoquen un efecto en los oyentes: Promesas de milagros, música, llamados al altar, oraciones repetidas.

La Biblia no habla de nada de eso. El Señor Jesús muestra que para predicar el evangelio, solo se necesitan 3 cosas: El predicador, el mensaje y los oyentes.

3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9El que tiene oídos para oír, oiga. (Mateo 13:3 – 9) –

El sembrador

Tenemos aquí un sembrador muy particular. Cualquier agricultor sería cuidadoso de sembrar en el terreno correcto. Nadie quisiera desperdiciar la semilla.

Sin embargo, este sembrador está totalmente despreocupado de la clase de tierra donde caerá la semilla. Esa no es su responsabilidad.

No solamente no elige el terreno, sino que tampoco lo prepara. No lo vemos picando la tierra, ni tampoco limpiándola de piedras ni espinos. Su única responsabilidad es sembrar. El v. – 3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. (Mateo 13:3) – es claro: «El sembrador salió a sembrar«.

La semilla

La semilla es de una sola clase. No varía la semilla para que se adecue al terreno. Si no brota, no es porque sea de mala calidad, sino por el tipo de suelo donde cae. La semilla es inalterable, y es capaz de dar fruto fuera de toda proporción.

La tierra

La tierra es precisamente donde está el problema.

18Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. (Mateo 13:18 – 23) -.

El señor describe 4 tipos de suelos, que representen 4 tipos diferentes de corazones.

Lo que está enseñando concretamente es que cuando se predica la Palabra de Dios, habrá gente que la reciba de diferentes maneras.

a. Están las personas que tienen el corazón tan duro como la tierra que está junto al camino: pisoteada, impenetrable. Escucha, pero no entiende. Esa palabra es literalmente arrebatada por Satanás.

b. Están las personas cuyo corazón no es herméticamente duro, pero está lleno de piedras. Es decir que reciben la palabra con gozo, pero superficialmente. No hay arrepentimiento, no hay lágrimas. Por eso, cuando vienen los problemas que trae la obediencia a la Palabra, es decir, aflicción y persecución, tropiezan.

c. Están los que reciben la palabra, y parecen permanecer en ella, pero nunca da fruto. Es porque tienen el corazón compartido. Las preocupaciones, las ambiciones y todas las cosas que el mundo les ofrece tienen el mismo espacio que la Palabra de Dios en el corazón de estas personas. Son como espinos que ahogan la palabra recibida.

d. Por último, está el corazón que se parece a la buena tierra: Es permeable, no tiene piedras, ni espinos. Un corazón preparado por Dios. Recibe, entiende la palabra y produce fruto. Es el corazón del discípulo. A estas personas nos envía el Señor alcanzar y discipular.

La mayoría de las iglesias de hoy han dejado de lado esta enseñanza del Señor Jesús.

En el afán de llenar de gentes los grandes templos, tratan desesperadamente no solo hacer discípulos, sino de alcanzar a las personas con corazones semejantes al terreno pedregoso y a la tierra llena de espinos. Para lograrlos cometen grandes faltas:

  • Tratan de hacer más aceptable al sembrador: Separando a personas especiales para que hagan la obra, que tengan elocuencia y simpatía. Añadiéndoles cualidades como «la unción» y «el poder«. Adornándolos con música y brillos.
    Sin embargo, el Señor jamás dijo que el problema estaba en el sembrador.
  • Tratan de hacer más aceptable la semilla. El mensaje comenzó a dirigirse a las necesidades terrenales de las personas, prometiendo bienes materiales, salud, amor, éxito; apelando a las emociones para producir un efecto inmediato. Dejó de confrontarse al hombre con se pecado, se omitió toda mención al infierno o a la ira de Dios.
    El mensaje pasó de ser «Arrepiéntanse y crean en el evangelio» a «Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida«. Nada de eso tiene poder de Dios para salvación. La única semilla que tiene poder es el evangelio.
  • Han dejado a la verdadera iglesia, a los que son tierra buena, sin el alimento espiritual necesario para que crezcan a la estatura de la plenitud de Cristo – 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Efesios 4:12 – 16) -. Dando como resultado a eternos niños espirituales necesitados de los favores de «los hombres de Dios» o «ungidos«.

«EL QUE TIENE OÍDOS PARA OÍR, OIGA» 

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