El ayuno es una de esas actividades que todos realizan, pero no saben bien para qué. Por lo general, la gente considera que es bueno, que es un deber ayunar de vez en cuando, que trae grandes beneficios, pero no entiende claramente cuales son. Las personas se desafían a sí mismas pasando hambre horas, y algunos, por días. Muchas iglesias suelen proclamar ayunos generales por algún motivo específico, por ejemplo, al comenzar un evento evangelístico, con la esperanza de que, de esa manera, contribuirán a ganar más almas. En Argentina, cada año una gran cantidad de iglesias de todo el país declaran 40 días de ayuno y oración para que Dios envíe crecimiento y bendición. No podemos negar que todas estas cosas tienen apariencia de gran espiritualidad, pero, ¿son bíblicas? ¿Dios espera que su pueblo ayune?

Puede resultar sorprendente para muchos el hecho de que no exista ningún mandato en la Biblia sobre el ayuno. Hay numerosos sobre la oración, o la obediencia a la Palabra, pero ninguno sobre el ayuno, La Ley no establece mandamiento para el ayuno regular, aunque los intérpretes de la Ley entendían que – 29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. 31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. 32 Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. 33 Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. 34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó. (Levítico 16:29 – 34) – se refería al ayuno cuando dice «afligiréis vuestras almas» para el día de la expiación – [26 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. 28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. 29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. 30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo. 31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. 32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo. (Levítico 23:26 – 32) -; 7 En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis; 8 y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. 9 Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, 10 y con cada uno de los siete corderos, una décima; 11 y un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones. (Números 29:7 – 11) – cf. – 9 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, (Hechos 27:9)] -. En el Antiguo Testamento se registran numerosos ayuno motivados por situaciones difíciles o de luto. En ocasiones se realizaban de manera personal y en otras públicas. Ya en el Nuevo Testamento vemos que los fariseos más celosos tenían la costumbre de hacerlo dos veces por semana – 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. (Lucas 18:12) -.
Aunque, como dijimos, no hay mandamiento explícito para el ayuno, el Señor Jesús, en el sermón del monte, dice: «Cuando ayunéis«, dando por sentado que hay un tiempo en que los discípulos de Cristo ayunan.
16Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mateo 6:16 – 18) –
La recomendación del Señor se centra en que sus discípulos deben diferenciarse de los hipócritas. Ellos, cuando ayunan, hacen todo lo posible para que la gente se entere: Se hacen «austeros«, es decir, ponen cara triste, y se esfuerzan tanto para que se note su sufrimiento que «demudan sus rostros«. La palabra griega que se traduce como demudar es AFANIZO, que significa literalmente «hacer repelente, desfigurar«. En la época en que Jesús dijo estas palabras, era común además de no lavarse el rostro, echarse ceniza. Todo un teatro.
Por el contrario, el discípulo de Cristo cuando ayuna, debe tener el pelo brillante y el rostro limpio para que solo lo sepa el Padre.
Ahora bien, este pasaje, además de atacar la hipocresía, nos indica 2 cosas importantes sobre el ayuno: Que hay cuándo y para qué:
I. Cuándo
Muchos entienden el ayuno como una disciplina que se debe realizar frecuentemente. En una ocasión, se presentaron delante del Señor unos discípulos de Juan el bautista para consultarle sobre este tema: – 14Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 16Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. 17Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente. (Mateo 9:14 – 17) –
Los discípulos de Juan, al igual que los fariseos ayunaban muchas veces, siguiendo la tradición judaica, y les llamaba la atención que los discípulos de Jesús no lo hicieran. El Señor respondió a la pregunta con otra, para resaltar lo innecesario del ayuno en las circunstancias que estaban viviendo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? La respuesta lógica es no. Se compara a sí mismo con un novio, y sus discípulos como los acompañantes del novio. Sería ridículo que mientras se celebraba la fiesta de bodas, ellos ayunaran. El Señor Jesús estaba allí, ¿Qué necesidad habría de realizar algún tipo de mortificación espiritual? Sin embargo, vendrían días en que ayunarían: Cuando el novio les sea quitado. Ese sería un motivo de gran tristeza y luto, que hasta les cortaría el hambre. Pero sería un tiempo corto:
16Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. 17Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? 18Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. 19Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? 20De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:16 – 22) –
El tiempo de que el Señor estaba hablando sería el del Espíritu Santo, el mismo que estamos viviendo nosotros.
La costumbre de ayunar y todas las tradiciones religiosas son como un vestido viejo que necesita un remiendo. Nadie utilizaría un trozo de tela nueva para arreglar un vestido viejo, porque al lavarse, el trozo nuevo estiraría de tal modo el vestido que lo rompería aun más. El ministerio de Jesús no es algo que se pueda añadir a las viejas costumbres religiosas. Son 2 cosas que no pueden ir juntas. También es comparable a un odre viejo: El vino nuevo, es decir, Jesucristo y Su obra redentora, rompe ese odre. El vino nuevo se hecha en odres nuevos. Se necesita una nueva manera de pensar – No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2) –
Si bien el Señor no alienta al ayuno como una costumbre o una disciplina espiral, sabemos que ayunó al menos una vez, durante 40 días. También lo hicieron los discípulos de la iglesia primitiva para el envío de misioneros – 2Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. 3Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. (Hechos 13:2, 3) -, o la designación de ancianos – Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. (Hechos 14:23) -.
Lo hicieron en circunstancias especiales. No siempre. El Señor estaba a punto de comenzar su ministerio. Es evidente que tenía una gran carga sobre sus hombros, y necesitaba apartarse para estar a solas con el Padre. Debía recibir dirección y fortaleza. No había lugar para los apetitos de la carne. Él no se retiró con el propósito de ayunar, sino que, como consecuencia de su búsqueda de la guía de Su Padre, no comió por ese lapso. El ayuno no fue un recurso para conseguir algún tipo de bendición, sino un resultado por haberse apartado.
Algo parecido ocurrió con los discípulos: tenían grandes responsabilidades y necesitaban la guía del Señor.
El ayuno surgía como una consecuencia de apartarse en oración a causa de un gran pesar o de una necesidad especial de buscar al Señor, sea en arrepentimiento, humillación o guía.
Debemos entender que nadie puede pretender alcanzar el favor de Dios por medio de sacrificios. El único sacrificio aceptable y completo lo realizó el Hijo hace 2.000 años. Es un error ayunar para que Dios haga algún tipo de milagro, o para que conteste favorablemente alguna oración.
Creer que el ayuno tiene algún tipo de poder es caer al error del que habla el apóstol Pablo: – 20Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. (Colosenses 2:20 – 23) –
Entonces, ¿Cuándo ayunar? Cuando surja la real necesidad. No como un recurso, sino como consecuencia de la búsqueda del Señor. Como dijimos anteriormente, no hay ningún mandato en el Nuevo Testamento a ayunar, pero sí a orar. Cuando la necesidad de oración es intensa, sale naturalmente el ayuno.
II – Para qué
Para ser recompensados por el Padre. Cuando alguien está tan pendiente de Dios que ni siquiera piensa en la comida, recibirá lo que necesita. Eso le ocurrió al Señor cuando ayunó 40 días, y también a los discípulos cuando buscaban Su guía para apartar a los misioneros y ancianos.
Leí sobre un pastor que recibió la noticia de que su hijo tenía un tumor cerebral. Fue tal la angustia que sintió que necesitaba desesperadamente una respuesta de Dios. Se encerraba cada vez que podía llorar delante de Él, y a orar buscando entender. Con el paso de los días recibió paz y hasta gratitud de saber que si su hijo debía partir, iría a Su presencia. Ni se acordó de la comida en todo ese tiempo.
Ayunó, pero no como un medio para alcanzar la gracia de Dios.

Conclusión: No se trata de castigar el cuerpo. A Dios no le impresiona que te abstenga de comida. Él nunca pidió tal cosa: – 1Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. 2Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. 3¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. 4He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. 5¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?
6¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 8Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.
9Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; 10y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. 11Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. (Isaías 58:1 – 11) –
¡El Señor no quiere sacrificios! ¡Quiere misericordia!
(Nota: Mateo 17:21 – Pero este género no sale sino con oración y ayuno. – no aparece en los mejores manuscritos y la mayoría de las traducciones no lo mencionan)
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