1° Timoteo 3:1 – Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
Las cosas han cambiado desde los tiempos del apóstol Pablo. Hoy encontramos muchas personas anhelando obispado. Es que en la iglesia occidental, la figura del pastor se ha vuelto muy atractiva: Es el centro de la congregación, el que tiene «la unción«, el que todos siguen y obedecen, ¿Quién no anhela tener ese tipo de atención? Fotos enormes con el nombre del pastor y su esposa en las fachadas de los templos. Congresos, invitaciones, programas de radio y televisión. Verdaderamente ser pastor se ha convertido en algo muy atrayente. Sin embargo no era así en la época de Pablo. No era algo que sucedía a cualquiera. A la difícil tarea de llevar las cargas de los hermanos, velar por sus almas, guiarlos, exhortarlos, animarlos y corregirlos, se añadía el peligro. Había persecución por parte de judíos y de gentiles. El primero en ser buscado y apresado era el pastor. Es por eso que el apóstol dice: «si alguno anhela«. No era común ese deseo. El que lo tenía, sabía que debería enfrentar tribulaciones por causa del nombre del Señor.

En la actualidad hay países donde ocurre algo parecido. Anhelar obispado en Siria no es lo mismo que en Argentina o en Uruguay. Pero, aunque en los países de América Latina no hay persecución, existe otro peligro mucho más sutil: el amor por el mundo.
El libro de Apocalipsis habla de una iglesia que dejó a Cristo afuera. Una iglesia que presumía de ser rica y exitosa, que creía que no tenía necesidad de nada; pero que a los ojos de Dios era desventurada, miserable, pobre, ciega y estaba desnuda.
14Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:
15Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (Apocalipsis 3:14 – 18) -.
¿Qué le había sucedido? ¿Cómo pudo llegar a esa condición? Una iglesia llega a ese estado de ceguera cuando deja de lado las Escrituras. El Salmo – 8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. (Salmos 19:8) – dice: «el precepto de Jehová es puro: alumbra los ojos«. El Salmo –105 Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino. (Salmos 119:105) -; 23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz,
Y camino de vida las reprensiones que te instruyen, (Proverbios 6:23) -.
Para numerosos estudiosos y comentaristas, resulta evidente que la iglesia actual tiene mucho en común con la de Laodicea. Si la iglesia no es bíblica, ha perdido su razón de ser. El pastor tiene un rol crucial para que esto no ocurra. Necesitamos tener el conocimiento escritural sobre lo que somos, y de lo que el Señor de la iglesia espera de nosotros.
Hay una realidad que sorprende: La mayoría de las personas no tiene una idea clara de lo que significa ser pastor. Esto no sería muy alarmante sino fuera que muchísimos pastores tiene ese mismo problema. ¿Qué es concretamente ser pastor? ¿Cuáles son sus responsabilidades? ¿Cuáles son los requisitos que debe cumplir? ¿Qué clase de actividades debe realizar? ¿Cuáles son sus prioridades?
Son preguntas básicas, pero que si no las respondemos con claridad, se puede caer en la tragedia más común del pastor.
¿Cuál es la tragedia más común en el ministerio pastoral?
Que gaste su vida tratando de realizar un montón de actividades que no le corresponden, de cumplir con un cúmulo de responsabilidades que no son suyas y de concurrir a un sinnúmero de lugares a los que no debería haber ido, para tratar de conformar a personas que nunca van a estar contentas, mientras se pierde de trabajar para alcanzar el verdadero objetivo de su ministerio. Es una tragedia porque todo ese esfuerzo es desperdiciado en vanidades. No es voluntad de Dios que hagamos eso. Qué triste debe ser llegar al final del camino, mirar hacia atrás y preguntarse cómo el predicador de Eclesiastés – ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? (Eclesiastés 1:3) -.
Es por eso que debemos pararnos sobre una base sólida.
El Señor Jesús hizo un fuerte llamado de atención al finalizar su maravilloso Sermón del monte: – 24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mateo 7:24 – 27) –
Aquí está la clave para edificar la vida de todo creyente, y, por supuesto, para edificar nuestro ministerio: Oír y hacer la Palabra de Dios.
El que hace estas 2 cosas, es llamado un hombre prudente por el mismísimo Señor Jesucristo.
Podríamos pensar que es obvio que un pastor debe reconocer en profundidad la Palabra de Dios. Sin embargo, no es así. Todas las confusiones que hay en el día de hoy sobre la función pastoral ocurren porque, tristemente, la mayoría de los pastores no recurren a las Escrituras como la fuente primaria y principal para buscar las respuestas.
Este problema se encuentra en todo tipo de denominaciones y organizaciones eclesiásticas. Y no se solucionan por el hecho de haber concurrido a un seminario o un instituto bíblico.
Muchos ministros interpretan que las respuestas y las claves del ministerio las poseen algunos pastores exitosos, detrás de los cuales van en multitudes para ver si logran asir algo de lo que ellos tienen.
Por otro lado, las librerías cristianas están atestadas de libros sobre métodos, estrategias y fórmulas, con títulos como «Los 10 escalones del éxito«, «los 7 pasos hacia la victoria«, «las 12 máximas para la conquista«… Recuerdo uno sobre crecimiento de iglesias que aconsejaban predicar sermones motivadores, tener un buen grupo musical y baños confortables.
Predica la Palabra
Esa es nuestra función primordial. El pastor lleva las ovejas a buenos pastos. Debemos ser heraldos de la verdad. Para decirlo claramente: debemos exponer de la mejor manera posible lo que está escrito. Lo que Dios quiso decir por medio de sus apóstoles y profetas.
Debemos estudiar y profundizar hasta entender la intención primaria por la cual el escritor dijo lo que dijo. Eso es predicar la Palabra de Dios. – 1Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. (2° Timoteo 4:1, 2) –
Hoy, lastimosamente, esto se ha perdido en gran manera. En la mayoría de las iglesias se predican mensajes para levantar la autoestima de los oyentes, utilizando algún texto bíblico como excusa para expresar lo que el predicador quiere. El tema principal es la exaltación del ego: «Eres un guerrero«, «eres un campeón«, «eres un conquistador» «Destruyamos gigantes, conquistemos territorios» ¿Qué pasó? ¿De dónde salió? No de la Biblia.
Y tenemos también la psicología. Debemos entender algo: No somos psicólogos, somos pastores. No aconsejamos según la sabiduría de hombres, sino con la de Dios. Para eso tenemos la Biblia.
La psicología y la Biblia van por andenes diferentes: La psicología minimiza el pecado, la Biblia lo condena. No se mezclan. Debemos ser claros desde el comienzo. Lo último que necesita un pecador es que se le quite la responsabilidad de su pecado. Había una canción que sonaba en las radios en la década del 70′ que decía: «Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así«. No. La Biblia dice que cada uno es responsable de su propio pecado y que deberá rendir cuentas delante del Juez Justo. El problema del hombre no es su baja autoestima. Su problema es que la ira de Dios está sobre él y necesita desesperadamente la salvación.
Necesitamos la Biblia. Conocerla, estudiarla, memorizarla. Debemos creer en la suficiencia de las Escrituras.
16Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2° Timoteo 3:16, 17) –
Eso es lo que nosotros tenemos para dar. La gente no necesita palabras de aliento. Pueden vivir sin que la visitemos. Pero no pueden vivir sin la Palabra de Dios. Si no les damos eso no las estamos pastoreando. Estamos dejando que las ovejas que el Señor dejó a nuestro cuidado, mueran de hambre.
Toda la Escritura es inspirada por Dios. Entonces debemos enseñar toda la Escritura. No debemos seleccionar textos que puedan animar a la congregación. Toda ella es útil para enseñar, para redargüir, esto es reprender. La NTV (Nueva Traducción Viviente) dice: – Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. (2° Timoteo 3:16) – «para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida«. Es también útil para corregir cuando estamos equivocados, cuando erramos el camino; y es útil para instruir en justicia, en otras palabras, para hacer lo correcto, para cumplir con la voluntad de Dios. Todo esto con el propósito de que cada persona de la congregación esté capacitada y preparada para vivir la vida que Dios quiere.
Todo nuestro ministerio debe girar alrededor de la Biblia.
Si usted le pregunta a un pastor cuál es el propósito de su ministerio, casi con seguridad responderá «extender el reino de Dios«. Esa es la respuesta más común. El problema es que también es muy vaga. La mayoría interpreta que extender el reino implica hacer crecer la iglesia. Según la concepción moderna, un pastor que no hace crecer su iglesia es un pastor fracasado, o para emplear una terminología más de moda, «no tiene unción«.
Conozco muchos pastores frustrados porque no consiguen aumentar el número de miembros de una manera significativa. Van a los congresos y a las conferencias buscando métodos y fórmulas para lograrlo. Es terrible y triste.
Nunca el Señor nos mandó a algo así. La ignorancia del mandato bíblico hace que los pastores vayan tras metas equivocadas.
La iglesia no es algo que nosotros hacemos. La iglesia es de Dios. Cristo es la Cabeza.
Es el Señor el que añade a aquellos que han de ser salvos.
alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. (Hechos 2:47) –
Nosotros debemos dedicarnos a hacer aquello para lo que fuimos llamados, como el apóstol Pablo dijo a los ancianos de Éfeso el día que se despidió de ellos: – 25Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. 26Por tanto, os doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, 27pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios. 28Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre. (Hechos 20:25 – 28) – LBLA (La Biblia de Las Américas)
¿Para qué están los pastores? ¿Cuál es su función? Declarar a la congregación todo el consejo de Dios. Esto es equipar a los santos para la obra del ministerio. Es trabajar para la edificación del cuerpo. Es conducir a la congregación a la madurez espiritual.
11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, (Efesios 4:11 – 15) –
Crecemos en todo si seguimos la verdad en amor. ¿Cuál es la verdad?
– La suma de tu palabra es verdad,
Y eterno es todo juicio de tu justicia. (Salmos 119:160) –
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17) –
Para finalizar, el contexto del pasaje que acabamos de leer de Efesios, dice que Cristo dio dones a los hombres: – Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
Y dio dones a los hombres. (Efesios 4:8) –
Esos dones que dio Cristo son los ministros del v. 11. La Reina Valera dice: – Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (Efesios 4:11) – «Y Él mismo constituyó a unos…«, otras traducciones dicen «dio a algunos a ser apóstoles…«. Pero el sentido original no es que Cristo dio a algunos hombres dones para ser ministros, sino que los dones que dio son esos hombres.
La Reina Valera de la Sociedad Bíblica Trinitaria traduce: – «Y Él mismo dio a unos como apóstoles, y a otros como profetas, y a otros como evangelistas, y a otros como pastores y maestros«.
La Biblia Textual dice: – Y Él mismo dio: unos, apóstoles; otros, profetas; otros, evangelistas; y otros, pastores y maestros;
El pastor es un don de Cristo para Su novia. Cristo no le regalaría algo a su novia que no sea para su bien, para su crecimiento, para su edificación. Cristo regaló a la iglesia pastores para que la guíen a Su verdad.
Debemos preguntarnos: ¿Puede ser un don de Cristo para Su iglesia, un pastor que no enseña lo que Su Espíritu dejó escrito para Su novia?
Con toda seguridad, no. Cristo no se contradice a sí mismo.
Pastor, tú única prioridad para tu ministerio debe ser tratar de cumplir con lo que el Señor de la iglesia espera de vos.
Que llegado el momento en que estés frente a Él, puedas escuchar las maravillosas palabras: – Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. (Mateo 25:21) –
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