¿Es importante la apariencia externa de los creyentes?

Hay un pasaje en las Escrituras que ha traído controversias a lo largo del tiempo. Trata sobre la apariencia externa del creyente, en particular, de la mujer. Basados en estos versículos, es que muchas congregaciones imponen a sus mujeres el uso de mantilla sobre sus cabezas, y llegan algunas al extremo de no permitirles cortarse el cabello, e incluso, depilarse. ¿A eso se refiere el apóstol Pablo? ¿Está estableciendo un requisito inamovible para las mujeres sobre su apariencia? La respuesta es no. El apóstol estaba estableciendo un principio muy importante para la iglesia de todos los tiempos. Un principio que en la mayoría de los casos fue malentendido. Este pasaje merece una lectura detallada.

3Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. 4Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. 5Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. 6Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. 7Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. 8Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, 9y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. 10Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. 13Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. 16Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. (1° Corintios 11:3 – 16) –

Hay una secuencia de 3 oraciones que comienzan y terminan con Cristo. En ellas se describe una relación entre Cristo y todos los hombres, el hombre con su mujer y Dios con Cristo. La mayoría de los estudiosos, entiende el término «cabeza» como «autoridad«. Esta autoridad no implica que el hombre sea superior a la mujer, porque Cristo, sujetándose a la autoridad del Padre, no es inferior a Él, sino igual en todo.

Leer1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. (Juan 1:1, 2) -; Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Juan 17:5) -; el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (Filipenses 2:6) –

Hay algo que es importante entender: Existe una gran diferencia entre «pecado» y lo que se considera «honroso» o «decoroso«. El pecado es igual en todas las épocas. La idolatría, la fornicación, la homosexualidad, la codicia son abominables para Dios siempre. Lo «honroso» o «decoroso» dependen de los tiempos. El tema a tratar tiene que ver con peinados y formas de vestimenta, lo que varía según las épocas y lugares. En cuestiones de modas, lo que resultaba honroso en el tiempo de Pablo, pudiera ser deshonroso hoy. Un hombre con faldas sería mal visto en la actualidad, sin embargo, era común en la época en que la carta fue escrita. De la misma manera, algo tan común para nosotros como una mujer con los brazos descubiertos, puede resultar muy ofensivo para la cultura de ciertos países.

La apariencia de las personas envía un mensaje a los demás. Pablo enseña que un cristiano no debería dejarse influenciar tanto por las modas, de manera que deshonre a su «cabeza«.

Durante el culto público, el varón debía orar o profetizar con la cabeza descubierta. Literalmente, <<teniendo [algo] colgando de su cabeza>>. Era una costumbre pagana que el hombre se cubriera la cabeza en los cultos idolátricos. Incluso los judíos lo hacían.

Algunos eruditos entienden que a lo que Pablo se refiere cuando habla de algo colgando de la cabeza, es el cabello. De esta manera, el hombre que se dejaba el cabello largo, parecería una mujer, y, de esa manera ofendía a Cristo. En los vv. – 14La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. (1° Corintios 11:14, 15) – se habla abiertamente de la longitud del pelo, por lo que podría inferirse que lo que hace en todo el párrafo. la idea sería que el hombre no debía parecerse a la mujer, ni la mujer al varón, sino que debería haber una clara distinción entre los sexos, como queda clara en la naturaleza misma.

Sea que se refiera al cabello o a algún elemento para cubrir la cabeza, la idea es la misma. Según los historiadores, las prostitutas y las mujeres provocativas, dejaban sus largas cabelleras sueltas con el propósito de seducir a los hombres. Las lesbianas, en su afán de parecer masculinas, se rapaban para reconocerse entre sí. También se rapaba a las esclavas.

Pablo les ordenaba a las mujeres casadas que se recogieran el cabello para no dar lugar a ningún tipo de confusión, y que no se lo cortasen, porque parecían hombres, y sería «lo mismo que si se hubiese rapado«, es decir, que el mensaje que estarían transmitiendo sería que no respetaban a sus esposos.

Si bien el apóstol se refería específicamente a las reuniones de la iglesia, es claro que no estaba sugiriendo que los creyentes debían vestirse de una manera especial para concurrir a ellas. No debemos pensar que el hombre podía andar por la vida con el cabello largo, y para el culto, debía recogérselo; y que la mujer pudiera andar con la cabeza descubierta todo el tiempo, pero en la reunión debía disimularlo. El cristiano debe ser una sola pieza.

Si una mujer andaba con la cabeza descubierta, estaba sugiriendo que no respetaba a su marido, ¿Cómo podría orar y profetizar en un culto público? Es de esperar de alguien que realizara esa clase de actividades tan espirituales, que su vida sea coherente con ellas, sin embargo, la apariencia de esas mujeres traía confusión al resto de la congregación.

Leer: – Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; (Efesios 5:22) –

El razonamiento de Pablo es sencillo y terminante. No es cuestión de andar a medias tintas.

Lo que uno ES debe ser lo que también APARENTA. Si una mujer no se cubría la cabeza, no demostraba respeto a su marido. Si esto era así, sería mejor que se definiera y se cortara el cabello para parecer lo que realmente había en su corazón. Pero, si le era vergonzoso cortarse el cabello, porque en realidad estaba sujeta a su esposo, entonces debía demostrarlo cubriéndose la cabeza, como era lo usual en esos tiempos. Una vez más aclaramos que se trataba de convenciones de la época.

La razón de que el hombre no debe cubrirse la cabeza es que él es imagen y gloria de Dios. Si dejara crecer su cabello o se pusiera algo que lo hiciera parecer una mujer, esa imagen y gloria se degradaría, de la misma manera que si una mujer pareciera varón, deshonraba a su esposo. Lo contrario de gloria es vergüenza.

En estos versículos, Pablo recurre a los 1eros capítulos del Génesis para fundamentar su exposición. El hombre y la mujer, a diferencia de los otros seres vivientes, fueron creados en momentos diferentes. El hombre primero, y luego la mujer. La mujer fue creada como ayuda idónea porque no era bueno que el hombre estuviera solo.

Leer: – 18Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 19Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. (Génesis 2:18 – 25) –

El hombre recibe el liderazgo de parte de Dios y la mujer lo complementa. Los dos son uno, es decir, una sola carne. Cada uno tiene un rol diferente. Ese rol es permanente. Esto queda evidente al citar el Génesis: Ese es el equilibrio dispuesto por Dios para el hombre y la mujer.

Debido que así lo dispuso Dios desde el comienzo mismo de la creación, es que la mujer debía mostrar respeto por la autoridad del hombre.

Sin embargo, Pablo pone todo bajo la perspectiva cristiana: Es un hecho que el varón no fue creado por causa de la mujer, pero, en el Señor, el varón no es nada sin la mujer. También es verdad que la mujer procede del varón, y ella no es nada sin él. Si bien Eva fue hecha de la costilla de Adán, de allí en adelante, todos los hombres (y mujeres) nacen de la mujer. Hay una dependencia mutua y todos proceden de Dios. Así lo ha dispuesto: hombre y mujer, iguales ante Él, con diferentes roles, dependiendo el uno del otro, y ambos de Dios.

En definitiva, lo que Pablo estaba enseñando es que el aspecto del creyente habla de sus creencias y principios. No hay en este pasaje mandamiento sobre el largo del cabello o la clase de vestimenta que un cristiano de la actualidad debe llevar. Pero sí se nos instruye que, tanto la mujer como el hombre no debemos dar mensajes equívocos a través de su apariencia. Un buen paralelo a una mujer que oraba y profetizaba con la cabeza descubierta puede ser, en la actualidad, alguien que lo hace con un maquillaje excesivo, o un escote pronunciado o una minifalda.

El apóstol no esperaba que esta enseñanza fuera bien recibida por todos. Sin embargo, no estaba dispuesto a contender.

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