¿Qué significa ser cristiano?

Esta pregunta es válida en países donde existe libertad religiosa. Aquellos cristianos que viven en lugares donde ser un seguidor de Cristo implica perder derechos, pertenencias, y hasta la vida, saben exactamente lo que significa. Salvando esa excepción, este cuestionamiento se hace necesario.

¿Qué es ser cristiano? ¿Alguien que concurre a una iglesia con regularidad? ¿Alguien que trata de vivir de acuerdo a los diez mandamientos? ¿Una persona que lee la Biblia y ora?

Un cristiano es alguien que sigue a Cristo.

 

En los últimos tiempos, la iglesia, en el afán de alcanzar mayor número de personas, está utilizando un método rápido para “hacer cristianos”: La oración de fe.

La propuesta es más o menos la siguiente: “¿Estás enfermo? ¿Te sientes solo/a? ¿Tienes problemas económicos? ¿Tu matrimonio va mal? ¿Tienes baja autoestima? ¡Acepta a Cristo en tu corazón y todo será solucionado! Lo único que debes hacer es repetir una oración”.

Una vez que la persona realizó la confesión de fe, se le dice que ya es una hija de Dios, que es salva y que el Espíritu Santo entró a su corazón.

Tal vez tú, que estás leyendo este artículo, seas una de esas personas que repitió una oración y has creído que por eso eres salva. Por favor, sigue leyendo.

Es necesario que entiendas esto: La oración de fe no es buena ni mala en sí misma. Pero la realidad es que ser cristiano implica mucho más que eso.

El llamado del Señor Jesús no está basado en emociones, al contrario, el evangelio de Lucas nos muestra que el discipulado no es algo que podemos tomar livianamente. Seguir a Cristo cuesta todo, así que más vale pensarlo bien antes de comprometerse: – 25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
34 Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35 Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.
(Lucas 14:25 – 35) –

Cristo nunca trató de alcanzar gente por medio de los milagros, y, mucho menos, hizo repetir una oración a las personas para que lo aceptaran en su corazón.

Las multitudes iban tras Él, pero el Señor no las buscaba. Al contrario, las confrontaba a que dejaran todo para seguirlo. Si no podían hacer eso, entonces nunca serían verdaderos discípulos. Hay que pensarlo.

¿Alguien sensato comenzaría la edificación de una torre si no tiene lo necesario para terminarla? ¿Con qué fin empezaría algo así? Sería motivo de burla. De la misma manera, ¿Sería sabio un rey si declarara la guerra a otro movido solo por las emociones? ¿No debería primero considerar si tiene las fuerzas suficientes para vencer? ¿Y si no las tiene, no es mejor no comenzar?

Con el discipulado es igual: Para seguir a Cristo es necesario dejar todo lo demás en un segundo plano. Todo, absolutamente. Aún la familia, los intereses personales y pertenencias. Incluso la vida misma. El discípulo no puede amar al mundo y amar a Dios. Nadie puede decir que es un discípulo de Cristo y seguir viviendo del mismo modo que antes.

Si compraras un paquete de sal y descubrieras que no tiene sabor, ¿Qué harías con ella? ¿La usarías igual? ¿Sazonarías las papas fritas y la ensalada con ella? Claro que no. Simplemente la tirarías porque no sirve para nada. Esta analogía es la que utiliza el Señor para señalar a aquellos que se llaman a sí mismos cristianos, pero no están dispuestos a dejarlo todo por Él.
El que tiene oídos para oír, oiga, dice el Señor.

Dios no es deudor de nadie

Ahora bien, ¿Eso es todo? ¿Una vida de renuncias y nada más?

El Señor dijo: – El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 10:39) –

El Señor es la Vida. Los que se aferran a las cosas del mundo no conocen la vida porque están muertos espiritualmente – Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (Efesios 2:1)-

¿Crees que Pedro, Andrés, Juan y Jacobo se equivocaron al seguir a Jesús? ¿Crees que hubiera sido mejor para ellos seguir siendo pescadores? No hay comparación alguna.

28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. 29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros. (Marcos 10:28 – 31) –

El apóstol Pablo dijo: – Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, (Filipenses 3:7, 8) –

No te va a dar cien casas. No te está ofreciendo un negocio. Sino la vida. Vida plena y en abundancia. Él estará con vos todos los días hasta el fin del mundo, suplirá todas tus necesidades y serás miembro de Su familia.

19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:19, 20) –

Ahora que entiendes lo que significa ser un cristiano; ¿Estás dispuesto a tomar tu cruz y seguirlo? ¿Estás preparado para dejarlo todo por el Señor?

Es tu decisión si prefieres aferrarte a todas tus pertenencias como hizo el joven rico.

Piénsalo bien. Si quieres, sigue con tu vida.

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