¿Puede un cristiano perder la salvación?

Para contestar esta pregunta no es conveniente enarbolar textos aislados que niegan o afirman una postura u otra. Esto daría lugar a una suerte de esgrima bíblico donde cada persona que se sienta involucrada en la discusión, presentaría los versículos que consideraría convenientes para apoyar su opinión, y no podríamos nunca llegar a una conclusión objetiva.

En lo que estamos de acuerdo:

La iglesia evangélica en general coincide en que la salvación se recibe gratuitamente por la sola gracia de Dios, sin importar las obras de las personas. El hombre es pecador por naturaleza, y por lo tanto, está alejado de su Creador. Como es imposible para él cumplir con los requerimientos de la Ley, Dios, en Su infinita misericordia, le otorga la salvación por medio de la fe en Su Hijo Jesucristo.

En lo que no estamos de acuerdo:

Una gran parte de la iglesia enseña que una vez que el cristiano recibió la salvación, puede perderla a causa del pecado. En otras palabras, la salvación es por gracia absoluta solo hasta que se recibe, luego esa gracia depende de los méritos de la persona.

Hay una sola Verdad

No puede haber dos verdades: La salvación se pierde o no se pierde. Una de estas afirmaciones es correcta y la otra es errónea. No se trata de defender una doctrina con la que nos sintamos cómodos, ni de defender una corriente teológica determinada. Sería muy negligente de nuestra parte conformarnos con una postura que nos enseñaron, sin esforzarnos al máximo, hasta estar seguros de que lo que creemos es lo que la Biblia dice y no los hombres.

El tema de la salvación es central en la fe cristiana. Lo que creamos sobre ella afectará nuestra idea del Dios Trino: ¿La salvación se pierde? Entonces, ¿Hasta dónde llega la gracia de Dios? ¿Qué tan completa es la obra de Jesús en la cruz? ¿Qué tan eficaz es el poder del Espíritu Santo?

¿Por qué necesitamos salvación?

Porque el hombre es pecador y la ira de Dios está sobre él – Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; (Romanos 1:18). Está condenado porque ama el pecado y rechaza a Dios – Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. (Juan 3:19) -. El pecado ejerce un poder que lo esclaviza – Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. (Juan 8:34) -; 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; (Romanos 6:16,17) – y lo mata espiritualmente – Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (Efesios 2:1) -.

Esto va más allá de lo que se haga o se deje de hacer. El hombre no es pecador porque peca, sino que peca porque es pecador. Su corazón está vendido al pecado – Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. (Romanos 7:14) -. Lo que él hace es producto de lo que él es, de lo que hay en su corazón – Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. (Mateo 15:19) -. Allí está su problema. No se soluciona con simplemente dejar de pecar. Si una persona decidiera, aislarse en un lugar desierto, lejos de toda tentación, igualmente sería pecador. Lo que necesita es un milagro que cambie su corazón. Eso es lo que el Señor Jesús llamó “nuevo nacimiento” – Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Juan 3:3-8).

La obra de Dios en el creyente

La persona que nace de nuevo, recibe el Espíritu Santo que le da el poder de vivir conforme a la voluntad de Dios – [pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8) -; Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, (2° Pedro 1:3)] -, y es liberada de la esclavitud del pecado –  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. (Romanos 6:22).

Antes el pecado era para ella lo que el agua es para el pez. Vivía en él – En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? (Romanos 6:2). Todas sus acciones, todos sus pensamientos, todas sus palabras eran producto de un corazón pecaminoso. Ahora el pecado es una posibilidad. Es algo que se elige. Puede resultar atractivo, pero tiene el poder de decir “no” – 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Romanos 6:11-13) –

Ha sucedido en su vida un cambio sustancial: ya no ama el pecado – Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (1 Juan 3:9). Entiende que Dios es omnipresente, y, cuando peca, siente el dolor de haberlo ofendido. El Espíritu Santo trabaja en ella para hacerla semejante a Cristo – Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8:29) -. Es una obra que llevará toda la vida del creyente y que será culminada en la glorificación – Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. (Romanos 8:30) -. Soportará pruebas y tribulaciones que la harán crecer en la fe – [Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; (Romanos 5:3,4) -; sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. (Santiago 1:3) -; En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, (1 Pedro 1:6,7)] -. No es alguien perfecto: Tendrá caídas, momentos de estancamiento, e incluso retrocesos. Pero el Espíritu Santo está allí. Lo levantará, lo corregirá y lo llevará a toda verdad – Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:13) -. Poco a poco irá avanzando porque Dios, quien comenzó la buena obra en ella, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo – estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; (Filipenses 1:6) -.

Pero si la persona tiene la misma relación con el pecado que antes de haber conocido a Cristo. Si el pecado no le resulta chocante, si no ha habido cambios radicales en su vida, esto implica que nunca nació de nuevo – Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. (1° Juan 3:6) -, El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (1° Juan 3:8) –

Un individuo puede haber concurrido por años a la iglesia, puede tener ministerios, cargos de liderazgo, grandes conocimientos, incluso puede ser reconocido y admirado por los hombres, pero si no ha nacido de nuevo, sigue muerto en sus delitos y pecados – Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (Efesios 2:1) -. Todo lo que hace es guiado por su carne – [Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. (Juan 3:6) -; 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:17-21)] -. Si se le descubren pecados ocultos, o si simplemente se aleja de la comunión con lo iglesia, no ha perdido la salvación, la realidad es que nunca la tuvo.

La salvación es de Dios, de principio a fin 

El hombre necesita la gracia de Dios para ser salvo. No tiene méritos para alcanzar la salvación, y tampoco para conservarla.

Antes de entregar Su Espíritu en la cruz, el Señor Jesús exclamó: “Consumado es”. Todo está cumplido. Si debiéramos añadir alguna clase de obra a Su sacrificio para nuestra salvación, entonces su obra no sería completa.

Si conservar la salvación dependería de los esfuerzos del creyente para no pecar, entonces el poder del Espíritu Santo no sería suficiente.

La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah (Salmos 3:8) – 

A Él sea toda la gloria por siempre.
Amén.

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