El fuego del Espíritu

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Hay una curiosa tendencia en gran parte de las iglesias evangélicas, sobre todo en aquellas que adhieren al moderno movimiento «apostólico y profético«, a clamar por el fuego de Dios. «Manda el fuego«, cantan. Proclaman que «viene el fuego de Dios«. Anuncian que tendrán reuniones de «avivamiento y fuego«, incluso algunas llegan al extremo de declarar que están «ardiendo en el fuego de Dios«. Es claro que no saben lo que están diciendo. Si entendieran lo que es el famoso «fuego de Dios» no estarían tan ansiosos por probarlo.

En la Biblia, el fuego de Dios es símbolo de Su ira y de Su juicio. El fuego de Dios es algo verdaderamente aterrador.

Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta. (2° Reyes 1:10) -.

Aún estaba este hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. (Job 1:16) -.

Por Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor. (Isaías 29:6) -.

Y Jehová hará oír su potente voz, y hará ver el descenso de su brazo, con furor de rostro y llama de fuego consumidor, con torbellino, tempestad y piedra de granizo. (Isaías 30:30) -.

Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. (Apocalipsis 20:9) -.

Antes de pedir semejante cosa, deberías pensarlo, ¿Verdaderamente deseas que el fuego de Dios te consuma? Estos son solo algunos de los muchísimos pasajes donde se deja claro que el fuego de Dios no es algo que debemos anhelar, sino algo que debemos temer. Algunos predicadores se confunden ante las palabras de Juan el Bautista:

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3:11) –

El profeta estaba declarando que vendría el Mesías que anunciaban las Escrituras. Cuando llegara, su persona y mensaje dividirían al mundo en dos: los salvos y los condenados. Unos serían bautizados con el Espíritu Santo, los otros con fuego, es decir que caerían bajo la ira de Dios. El Señor Jesús dijo lo mismo con otras palabras:

18El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. (Juan 3:18, 19) –

¡Nadie con un poco de entendimiento de las Escrituras pediría ser bautizado con fuego! Los verdaderos profetas de Dios no hablaban palabras agradables de escuchar. No anunciaban tiempos de prosperidad, éxito y grandeza como los falsos profetas de hoy. Ellos denunciaban el pecado del pueblo y llamaban a arrepentimiento para que el juicio de Dios no los alcanzara. Por eso sus palabras eran como fuego:

Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá. (Jeremías 5:14) –

Aquellos pastores que llevan al pueblo por camino de error, deben arrepentirse y volver a las Escrituras, de lo contrario, ese fuego por el que tanto claman, los alcanzará irremediablemente.

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